En un panorama deportivo donde las marcas y los cronómetros parecen ser la medida del éxito, Julio Ariza ha decidido emprender un camino diferente. Este malagueño de 51 años, licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, se ha propuesto un reto singular: ascender descalzo los ocho picos más altos de Andalucía, uno por cada provincia. Hasta la fecha, ha alcanzado cuatro cumbres, incluyendo La Maroma, el pico más elevado de Málaga.
La historia de Julio comienza hace casi una década, cuando lesiones como una fascitis plantar lo llevaron a reconsiderar su forma de correr. «Las molestias y el deseo de hacer algo distinto me hicieron probar», comparte en una entrevista. Este viaje no solo ha sido físico, sino también filosófico, permitiéndole conectar más profundamente con su cuerpo. «Las sensaciones, la mejora en la salud y el reto de llegar cada vez más lejos», añade.
Recientemente, coronó La Maroma, alcanzando los 2.069 metros en una jornada que sumó cuatro cumbres: El Terril en Sevilla, El Torreón en Cádiz, y La Tiñosa en Córdoba. Cada ascenso es una experiencia única, marcada por el contacto directo de sus pies con la tierra. «El cuerpo se convierte en el mejor sistema de amortiguación», explica al referirse a su técnica de correr descalzo.
El reto, conocido como 8×8, ya existía, pero Julio busca ir más allá. «Pensé que sería increíble hacerlo descalzo», señala. Realiza las subidas a pie y descalzo, mientras que las bajadas las hace corriendo con sandalias. Este enfoque no solo implica un esfuerzo físico, sino también una adaptación continua del pie. Para ello, entrena semanalmente en diferentes superficies, desde césped hasta asfalto deteriorado, para fortalecer su pisada.
Su última ascensión a La Maroma, de ocho kilómetros, le tomó 3 horas y 15 minutos. En la bajada, aprovechó para mejorar su tiempo en una hora y treinta y cinco minutos. Sin embargo, no se deja llevar por la prisa; se detiene a grabar, descansar y disfrutar del paisaje, manteniendo un ritmo de aproximadamente 2,5 km/h. Sus fieles compañeros en estos entrenamientos son sus perros, Patch y Frodo.
Julio también documenta su aventura en su canal de YouTube, titulado «Como niño sin zapatos», donde promueve su filosofía de redescubrir el mundo con la curiosidad y la libertad de la infancia. Aunque se considera «el único minimalista y descalcista» en su familia, ha logrado inspirar a su mujer y hermana para que también se descalcen de vez en cuando.
El malagueño es consciente de los riesgos que conlleva su desafío. A pesar de los peligros potenciales en las alturas, se mantiene atento a cada paso, recordando las palabras de Leonardo Da Vinci: «El pie humano es una obra maestra de ingeniería». Su enfoque hacia el minimalismo no es dogmático. Reconoce la utilidad del calzado en situaciones complejas, pero ha decidido no depender de zapatillas amortiguadas para correr.
Julio defiende el correr descalzo no solo por sus beneficios, que según estudios científicos incluyen una menor incidencia de lesiones, sino también por la sensación de liberación que proporciona. «El auténtico riesgo está en no hacerlo de manera progresiva», advierte, destacando la importancia de iniciar este camino desde cero.
Cada ascenso para él es un ritual: planificar la ruta, preparar el equipo y, al final, celebrar con aceitunas, queso y una cerveza Victoria. Aunque su vida parece ordinaria, está marcada por un reto extraordinario que además le permite dar visibilidad a causas como la de los afectados por la enfermedad piel de mariposa. «¿De verdad tenemos que encerrarlos en unos zapatos?» pregunta, reivindicando la importancia de dejar que los pies sientan el mundo tal como es.












