El Real Madrid se enfrenta a un tramo final de temporada sin objetivos claros, con siete encuentros por delante que carecen de trascendencia deportiva. Mientras tanto, el club blanco atraviesa un periodo de incertidumbre en el banquillo, donde Álvaro Arbeloa seguirá al frente del equipo a pesar de haber perdido la confianza de la directiva tras una campaña decepcionante.
Arbeloa, cuyo balance incluye ocho derrotas en 22 partidos dirigidos, ha visto cómo se le escapa la oportunidad de consolidarse como técnico de primer nivel, un camino que ya siguieron figuras como Zinedine Zidane o Pep Guardiola. En sus declaraciones, el entrenador restó importancia a su futuro y puso el foco en los próximos siete partidos, aunque no evitó adoptar un discurso defensivo atribuyendo parte de los fracasos a decisiones arbitrales tanto en Liga como en Champions.
El exjugador insistió en que la relación con la plantilla se mantuvo profesional y sin excesos de confianza, desmintiendo que el vestuario estuviera descontrolado en las últimas semanas. Sin embargo, la realidad es que su continuidad está sentenciada y la directiva trabaja para encontrar un sustituto que pueda manejar a un vestuario complicado sin generar conflictos, algo que no logró Xabi Alonso anteriormente.
En la búsqueda del próximo entrenador, Florentino Pérez ha descartado varias opciones. Zidane no está disponible por su compromiso con la selección francesa tras el Mundial. Jürgen Klopp, pese a ser un candidato de peso, no encaja por su carácter independiente y fuerte liderazgo, que podría chocar con el presidente. Tampoco se contempla el regreso de Mourinho ni la contratación de Unai Emery o técnicos noveles como Cesc Fàbregas, tras la experiencia con Xabi Alonso.
Entre los nombres que siguen en la lista se encuentran Massimiliano Allegri, del agrado de Florentino, y Didier Deschamps, que dejará su puesto en Francia después del Mundial. Mauricio Pochettino, actual seleccionador de Estados Unidos y objetivo del club en el pasado, también figura como posible relevo.
En medio de este contexto, el partido contra el Alavés en el Santiago Bernabéu será una oportunidad para que la afición valore el rendimiento de los jugadores, el estado del entrenador y las decisiones del club en otro curso sin títulos que ha generado descontento en la grada y en el palco.











