La periodista María García de la Fuente, presidenta de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA), propone una mirada diferente a la Sierra de Guadarrama a través de su último libro, «Con los cinco sentidos por Guadarrama», publicado por la editorial Tundra dentro de la colección «Paseos». Esta obra invita a ralentizar el ritmo habitual y a conectar con la naturaleza desde la perspectiva de los niños, apreciando lo que habitualmente pasa desapercibido.
García de la Fuente relata cómo sus primeros paseos con sus hijos transformaron su manera de entender el monte. A la altura de un metro, donde los niños miran, el mundo natural se muestra en detalles invisibles para los adultos: insectos, líquenes, musgos y pequeños arácnidos que recorren el suelo sin ser detectados. Los niños no se limitaban a observar, sino que querían tocar, oler e incluso probar lo que encontraban, lo que llevó a la autora a dejar la mochila en casa y dejarse llevar por el descubrimiento paso a paso.
Uno de los hallazgos más fascinantes para ellos fueron las hormigas rojas, que abundan en el Parque Nacional de Guadarrama entre más de cien especies diferentes. La periodista describe cómo estas diminutas obreras se organizan sin atascarse ni detenerse, con un flujo continuo donde cada una conoce su destino y mantiene el ritmo para evitar colas. «Mamá, las hormigas no tienen atascos», comentaban sorprendidos sus hijos, maravillados por la eficiencia natural de estas pequeñas criaturas.
El bosque y sus árboles como seres únicos
Al adentrarse en los pinares de Guadarrama, la autora señala que a primera vista los árboles parecen iguales, pero caminando se percibe la individualidad de cada pino. Algunos crecen tímidos, otros dominan el espacio, mientras que algunos parecen conversar o abrazarse entre ellos. Los troncos, con surcos y vetas únicos, reflejan las condiciones que vivieron, como años de abundancia o sequía. García de la Fuente compara esta singularidad con la obra de Antonio Gaudí, que dotó de movimiento a sus columnas inspirándose en los troncos de los árboles, que aunque lentos, crecen, se inclinan y se estiran de forma constante.
Sonidos y miradas que reconectan con la naturaleza
El viento es uno de los primeros sonidos que se perciben al entrar en el monte, con sus diferentes intensidades y melodías que reflejan el estado de ánimo del bosque. El crujir de las hojas secas al caminar se convierte en un sonido placentero y relajante, en línea con la tendencia actual hacia los sonidos naturales que inducen calma. Las aves, aunque discretas, acompañan con sus cantos y trinos, mientras algunas vuelan silenciosas como el búho, que necesita el silencio para cazar.
Además, la mirada se libera en el monte. Alejar la vista del móvil o los libros y fijarla en el horizonte, las cumbres, las nubes o los campos permite descansar la vista y experimentar una sensación de paz. Durante la pandemia, este ejercicio fue una necesidad para muchos, que descubrieron la riqueza del paisaje a través de prismáticos y observaron detalles antes inadvertidos. La naturaleza observa a quienes la recorren: los caracoles y árboles sienten las vibraciones, las aves vigilan desde lo alto y las hormigas detectan olores a distancia.
Para García de la Fuente, pasear por Guadarrama no es solo desconectar, sino reconectar con uno mismo y con el entorno. Esta conexión produce bienestar, reduce el estrés y ofrece una pausa necesaria para discernir lo esencial. Así lo entendió Epicuro en el siglo IV a.C. cuando fundó El Jardín, una comunidad dedicada a la reflexión y el aprendizaje en contacto con la biodiversidad, lejos del lujo y el exceso.
En definitiva, «Con los cinco sentidos por Guadarrama» es una invitación a descubrir un paisaje lleno de vida y detalles que solo se revelan si somos capaces de bajar la mirada, escuchar, tocar y sentir el entorno natural con la curiosidad de un niño.














