El Pleno del Ayuntamiento de Donostia ha dado luz verde por unanimidad a una modificación clave del Plan de Ordenación Urbana que restringe la apertura de nuevos hoteles y alojamientos turísticos. La medida, impulsada por el equipo de gobierno que encabeza el alcalde Jon Insausti, culmina así su tramitación municipal tras semanas de debate y se enmarca en una estrategia más amplia de ciudad orientada a un turismo sostenible, tal y como viene analizando Gipuzkoa Noticias en su seguimiento del impacto del turismo en Donostia.
Barrios con mayor presión turística
La nueva normativa divide la ciudad en dos áreas diferenciadas. En la primera, formada por los barrios considerados saturados —aquellos que superan las diez plazas turísticas por cada cien habitantes— se prohíbe la implantación de nuevos alojamientos. Esta zona incluye Antiguo-Ondarreta, Ategorrieta-Ulia, Centro, Gros, Ibaeta y la Parte Vieja, según detalla la información recogida en la noticia original sobre la aprobación de la medida.
En estas áreas solo se contemplarán excepciones muy concretas, con el objetivo de frenar la concentración de usos turísticos y preservar el equilibrio residencial en los entornos con mayor presión urbanística.
Condiciones para el resto de la ciudad
En los barrios no catalogados como saturados, el Ayuntamiento permitirá la apertura de nuevos establecimientos únicamente en un 10 % de las parcelas con uso terciario. Además, en el caso de edificios protegidos, la concesión de licencias estará supeditada a que se demuestre la imposibilidad de destinarlos a vivienda y a la autorización previa del Consejo Asesor del Patrimonio.
La regulación deja fuera de estas restricciones a campings, agroturismos y casas rurales situados en suelo no urbanizable, al considerarse que su impacto urbano es distinto al de los hoteles en áreas residenciales consolidadas.
La concejala de Planificación Urbanística y Vivienda, Nekane Arzallus, defendió en el Pleno que la modificación busca ordenar el uso del hospedaje en coherencia con el Plan Estratégico Donostia 2030. En su intervención, subrayó la necesidad de compatibilizar la actividad económica vinculada al turismo con la política de vivienda, la protección medioambiental y la calidad de vida de la ciudadanía.
Arzallus incidió en que uno de los objetivos centrales es evitar que el uso residencial quede desplazado por el hospedaje turístico y fomentar una mayor diversidad de actividades económicas en los barrios.
Críticas y matices desde la oposición
Aunque la votación fue unánime, algunos grupos municipales expresaron reparos durante el debate. Víctor Lasa, portavoz de Elkarrekin, puso en duda la eficacia de la división por zonas y cuestionó que la apertura de un hotel en barrios como Intxaurrondo tenga un impacto diferente al del Centro.
Desde EHBildu, Jon Markel Ormazabal alertó de que la norma permite excepciones que podrían facilitar nuevas aperturas en zonas ya saturadas, como Gros o el Antiguo. El Partido Popular, por su parte, recordó el peso del turismo en la economía local y pidió valorar las consecuencias económicas de las restricciones.
La concejala Nekane Arzallus respondió a estas críticas reclamando coherencia a la oposición y citó ejemplos de nuevos hoteles en municipios como Errenteria y Zestoa, uno de ellos utilizando el nombre de San Sebastián como reclamo turístico, para ilustrar la necesidad de una regulación clara.














