Sumar ha decidido aceptar un decreto conocido como «de derechas» en medio de la crisis económica, a pesar de las críticas de ERC y Bildu por incluir «rebajas fiscales generalizadas». El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tuvo que intervenir para desbloquear la situación, ya que las negociaciones entre la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, y los ministros de Sumar no progresaban.
La reunión del Consejo de Ministros, que comenzó con más de dos horas de retraso, se complicó debido a la falta de mención a la vivienda en el real decreto de ayudas por los efectos de la guerra en Irán. La responsabilidad de coordinar el decreto recaía en el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, quien se encontraba en Roma con los Reyes. Ante la inacción, Sánchez tuvo que entrar en escena para intentar resolver las diferencias.
Después de más de una hora de intensas negociaciones, Montero logró que Sumar aceptara el decreto, a cambio de incluir un control sobre los márgenes de beneficios de las empresas energéticas. Sin embargo, la esencia del texto se centraba en reducciones fiscales, lo que llevó a la crítica de que se trataba de un documento de corte liberal. Pese a los intentos de Sumar de darle una apariencia más progresista, varios partidos como ERC y Bildu rechazaron la propuesta, argumentando que no podían respaldar una «rebaja generalizada de impuestos sin control de precios».
Mientras tanto, el PP y Junts celebraron la aprobación del decreto y se atribuyeron el mérito. Además, se presentó un segundo decreto que busca la congelación de los alquileres hasta el 31 de diciembre de 2027, una demanda de Sumar que se había estado negociando durante la semana. A pesar de este esfuerzo, la realidad es que este segundo decreto tampoco tiene asegurada su aprobación, ya que el PP ha advertido que no contará con su apoyo.
Las negociaciones del Gobierno ahora se centran en convencer a Junts, aunque el partido tiene la intención de rechazar el decreto cuando llegue al Congreso. A medida que se aproxima la fecha de implementación de las medidas, se hace evidente que el Gobierno enfrenta serias dificultades para llevar a cabo una política de izquierdas, dado que la mayoría parlamentaria es de derechas, con Junts y el PNV alineándose con el PP y Vox.
Por último, Sánchez, al referirse a la situación, la calificó de «salseo», restando importancia a la tensión generada por Sumar, que busca demostrar su diferencia con el PSOE tras varias derrotas electorales y la falta de liderazgo en sus filas. Así, el futuro de las medidas aprobadas queda en entredicho ante la falta de apoyo necesario en la Cámara Baja.

























