El legado del capitán Campuzano en la guerra de Mallorca

El capitán Joaquín Campuzano fue un referente para los italianos en la guerra de Mallorca.

En la historia de la guerra en Mallorca, el capitán Joaquín Campuzano emerge como un personaje clave, especialmente para la comunidad italiana. Este militar, que nació en Palma en 1894, dedicó gran parte de su vida a la intendencia militar y se convirtió en un referente para los italianos, como lo menciona el teniente Luigi Mancini en sus memorias.

Campuzano pasó 18 años en Marruecos, donde conoció a su esposa y tuvo cuatro hijos. Su admiración por el general Miguel Primo de Rivera marcó su vida. Se definía a sí mismo como un «gran patriota» y un «hombre sencillo», siempre con una visión católica y monárquica. Su descontento con la llegada de la República lo llevó a una retirada del ejército, y fue expulsado del Liceo francés de Madrid por no alinearse con la política del Gobierno.

Una anécdota notable de su vida remonta a los carnavales de 1909, cuando, en el paseo del Borne de Palma, unos militares incendiaron por error una carroza republicana que albergaba a una niña. La situación derivó en un caos que dejó a varios involucrados en una batalla campal, mientras que algunos extranjeros creían que era parte de las festividades.

Durante la primavera trágica de 1936, sufrió dos atentados en Madrid y decidió enviar a su familia a Paguera por motivos de seguridad. Curiosamente, se salvó de quedar en zona republicana al adelantarse sus vacaciones al 11 de julio. Con el estallido del golpe militar, fue reincorporado al ejército y participó en la Batalla de Mallorca. Su experiencia allí lo impresionó, especialmente por la generosidad de los mallorquines, quienes donaron una gran cantidad de alimentos a las tropas.

Campuzano se convertiría en el proveedor de los soldados italianos. Mancini lo describió como «un oficial muy amable, siempre dispuesto a resolver problemas». A medida que la guerra se acercaba a su fin, una serie de acontecimientos lo llevaron a enfrentarse a sus mayores temores, incluyendo la creencia errónea de que su hijo había muerto en el frente de Guadalajara.

Finalmente, el capitán Campuzano alcanzó el rango de general y concluyó sus memorias con un poema que celebraba su «feliz vida». Falleció a los 86 años en Palma, y su nieto, José María Campuzano Casasayas, lo recuerda como una persona íntegra, coherente con sus ideas y con un gran sentido del humor.

Redacción

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