Cole Tomas Allen, el hombre que irrumpió en la cena de corresponsales de la Casa Blanca con la intención de asesinar a Donald Trump, dejó un manifiesto en el que expone sus motivos y planes. Según ha publicado el New York Post, Allen escribió una carta de más de mil palabras dirigida a sus familiares, en la que detalla su intención de atacar a miembros del gobierno republicano y funcionarios de la Administración actual.
En el texto, que se autodenomina el «Asesino Federal Amistoso», Allen establece unas «reglas de enfrentamiento» para el tiroteo que planeaba. Justifica su acción argumentando que, como ciudadano estadounidense, no puede permitir que personas a las que califica de «pedófilo, violador y traidor» manchen sus manos con sus crímenes. Además, pide disculpas a sus familiares, amigos y estudiantes, así como a cualquier persona con la que haya podido cruzarse.
El manifiesto sitúa como objetivos prioritarios al gabinete de Trump, indicando que atacaría a los funcionarios desde el rango más alto hasta el más bajo, exceptuando al director del FBI, llamado Sr. Patel en su misiva. En segundo lugar, menciona a los agentes del servicio secreto, aunque asegura que solo los atacaría si fuera estrictamente necesario. Allen incluso señala que pasaría por encima de casi todos los presentes para alcanzar sus objetivos si fuera imprescindible, considerando que quienes asistieron a un evento en honor a un «pedófilo, violador y traidor» serían cómplices, aunque reconoce que no desea llegar a tal extremo.
El documento adopta la forma de un ensayo en el que Allen expone cinco objeciones morales y personales que podrían frenar su acto y las contrarresta con cinco justificaciones. Por ejemplo, responde a la objeción cristiana de «poner la otra mejilla» afirmando que esta actitud es para quien sufre directamente la opresión, no para quienes son testigos o afectados indirectamente por crímenes que atribuye a la administración. Señala que quedarse pasivo ante la injusticia sería complicidad.
Entre otras objeciones que él mismo plantea y refuta están la idea de que no es el momento adecuado, la imposibilidad de eliminar a todos los objetivos o su identidad mestiza como impedimentos. En todas ellas, insiste en que sus acciones son un medio necesario para acabar con lo que considera la corrupción moral del gobierno.
Allen remarca además que Estados Unidos debe regirse por la ley y no por personas concretas, y que cuando los representantes y jueces no respetan la ley, nadie está obligado a obedecer órdenes ilegales. En una adenda final, se burla de la seguridad del evento, criticando que pudo entrar con varias armas sin que nadie lo considerara una amenaza. Califica esta falta de control como «una locura» y espera que se corrija para cuando el país tenga un liderazgo «realmente competente».

























