Santiago Abascal, líder de Vox, intensificó este viernes sus ataques verbales contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un mitin celebrado en Jaén en el marco de la campaña andaluza. En un momento en que los asistentes comenzaron a corear insultos contra Sánchez, Abascal se sumó a los descalificativos y lo llamó «chuloputas».
El dirigente de Vox respondió a los gritos de «Pedro Sánchez, hijo de puta», habituales en los actos de su partido, señalando que «madre tenemos todos, y no es la madre, es él quien actúa así». Además, mencionó que Sánchez, a quien calificó como «el puto amo» según un apodo usado por el alcalde Puente, se comporta con «chulería».
Abascal justificó sus palabras asegurando que sus adversarios políticos son quienes provocan con un lenguaje agresivo y luego exigen que ellos se contengan. «Nos gobierna una mafia presidida por un capo que ha traicionado a los españoles. Él preside la corrupción, es el número uno de la corrupción», afirmó con dureza.
Esta no es la primera vez que el líder de Vox utiliza un lenguaje grosero hacia el presidente. La semana pasada, en Cádiz, tras una protesta de manifestantes de izquierda, Abascal insultó tanto a Sánchez como al ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, criticando lo que calificó como intentos de intimidación contra su formación política.
En Jaén, Abascal también respaldó a su candidato en Andalucía, Manuel Gavira, y reiteró la idea de la «prioridad nacional», defendiendo que «es de sentido común poner en España primero a los españoles». Añadió que el país no puede acoger a toda África ni a toda América, y lamentó que se siga importando pacientes cuando, según dijo, se exportan médicos y sanitarios.
Por otro lado, la escalada verbal de Vox no se limita a Andalucía. En el Parlament de Cataluña, el diputado Alberto Tarradas fue reprendido por el presidente de la cámara tras atacar a la diputada de ERC Najat Driouech durante un debate sobre un cántico polémico en un partido de la selección española. Tarradas defendió la espontaneidad de la frase y se burló de la diputada, asegurando que no sería deportada por no unirse al cántico.
La formación de derecha radical insiste en que está siendo víctima de una «violencia política» promovida desde el Gobierno, y sus líderes mantienen un discurso confrontativo que no disminuye pese a las críticas recibidas.
























