Desde el muelle de levante en el río Odiel, un periodista y navegante se sienta con las piernas colgando, disfrutando de una cerveza sin alcohol mientras contempla el cielo salpicado de nubes y aves que sobrevuelan la ría. El sol, redondo y brillante, se acerca al horizonte, bañando con luz dorada las marismas y las playas cercanas. En este instante, la proximidad al monasterio de La Rábida evoca la memoria de Cristóbal Colón, quien también contempló este mismo sol antes de embarcarse rumbo al desconocido océano.
Las barcas de motor y los pequeños veleros que cruzan el Odiel crean una escena que parece sacada de un cuadro costumbrista, un homenaje a la vida ligada al mar. Este mar que ha formado parte del autor desde niño, cuando aprendió a hacer nudos y a navegar, incluso enfrentándose a las adversidades como el vuelco de un raquero con toda su tripulación. Momentos de aprendizaje y aventura, como observar un enorme congrio en la bahía o ver a un windsurfista herido, han marcado su relación con el mar y sus mareas, que pueden alejar tanto física como emocionalmente de los seres queridos.
El mar no solo alimenta sus sueños, sino que también lo impulsa y lo acompaña tanto al despertar como al dormir. Sin embargo, en este día junto al Odiel, la reflexión surge sobre cómo el paso del tiempo puede erosionar esa energía y la épica que acompaña a la navegación. Navegar representa siempre una hazaña gloriosa y cuando la distancia o las circunstancias impiden vivirla, la existencia se vuelve rutinaria y carente de sentido, un vacío que el autor lamenta profundamente.
La épica del navegante, según sus palabras, encierra el milagro vital que da sabor y profundidad a la vida, un tesoro que revive cada vez que vuelve al mar. Mientras el sol se oculta en ese punto donde convergen caminos sin destino, el periodista termina su cerveza y confirma que esa conexión con el mar es esencial para mantener viva la pasión y la épica personal. Finalmente, promete regresar al vino, dejando atrás temporalmente el sacrificio de dejarlo.
Este texto forma parte del número 5 de Nautik Magazine, disponible en quioscos y en la tienda online, y refleja la mirada de un navegante que une su oficio con la escritura para rescatar la grandeza contenida en los pequeños momentos junto al mar.














