En la costa de Güímar, los habitantes de Los Barrancos de Santa Lucía comparten su día a día en un entorno marcado por la despoblación. Este pequeño pueblo, que forma parte de la llamada «Tenerife vaciada», refleja la realidad de muchos núcleos rurales en la isla.
Los vecinos describen una vida tranquila, rodeados de paisajes naturales que, a pesar de su belleza, enfrentan desafíos significativos. La falta de servicios básicos y la escasa oferta laboral son problemas recurrentes que afectan a la comunidad.
A menudo, los residentes encuentran en la solidaridad vecinal una fuente de apoyo esencial. Las tradiciones locales, como las festividades y actividades comunitarias, se convierten en momentos clave para fortalecer los lazos entre los habitantes.
Sin embargo, a pesar de las dificultades, la belleza del entorno y la cercanía al mar son aspectos que valoran y que les motivan a permanecer en su hogar. Muchos hablan con orgullo de su cultura y de su historia, aspectos que intentan preservar ante la amenaza de la despoblación.
Los Barrancos de Santa Lucía no solo son un lugar para vivir; son un símbolo de resistencia y de lucha por mantener viva una comunidad frente a los retos del tiempo moderno. La voz de sus vecinos es un testimonio de la vida en un área que, aunque pequeña, tiene un gran sentido de pertenencia.














