El auge de la moda rápida o «fast fashion» ha dejado una huella visible en las costureras de Almería, que experimentan un incremento notable en los encargos para arreglar prendas adquiridas en plataformas orientales como Shein o Temu. Este modelo comercial, basado en la producción masiva y veloz de ropa barata, induce a los consumidores a renovar constantemente su vestuario con prendas por debajo de los 50 euros.
En pleno corazón del casco histórico de Almería, el taller Aguja y Dedal permanece como un referente en la reparación textil gracias a Francisca Martínez, quien con décadas de experiencia atiende una demanda creciente de arreglos en prendas que suelen presentar defectos de fabricación. «Cada vez vienen más clientes con bolsas de Shein para que reparen lo que se ha roto», señala mientras trabaja en una prenda.
Francisca destaca que, pese al bajo coste original de las prendas, su trabajo no varía en precio, lo que provoca que muchos consumidores terminen gastando más en arreglos que en disfrutar de la ropa. Según la modista, la calidad de estas prendas es muy deficiente, con costuras mal hechas, botones flojos y deformaciones que requieren intervención constante.
El fenómeno afecta a todas las profesionales del sector en la ciudad, quienes coinciden en que la demanda de arreglos vinculados a la moda low cost se ha disparado en los últimos años. Esta tendencia, aunque genera ingresos multimillonarios para las grandes cadenas y plataformas, pone en peligro la viabilidad de los talleres locales debido a la irregularidad en los encargos y la dificultad para mantener un equipo estable.
Además de las consecuencias económicas para el comercio tradicional, el modelo de producción rápida tiene un impacto ambiental significativo. Organizaciones como Greenpeace alertan sobre el consumo excesivo de recursos, como el agua, necesaria para fabricar prendas de baja calidad, y el aporte del sector a las emisiones globales de dióxido de carbono.
Francisca Martínez, a pesar de los retos y las largas jornadas laborales que implica su oficio, no pierde la esperanza de que se valoren más los arreglos y que nuevas generaciones se interesen por esta profesión que, a su juicio, está en riesgo de desaparecer. Mientras tanto, continuará adaptándose para dejar impecables las prendas que llegan de Oriente, enfrentando con aguja y dedal el fenómeno del fast fashion en Almería.














