El prestigioso pianista británico James Rhodes ha compartido su entusiasmo por Pamplona, dejando claro que la ciudad ha sido una grata sorpresa durante su visita en diciembre. En una publicación en Instagram, acompañada de 17 fotografías, el músico relata su recorrido por lugares emblemáticos de la capital navarra, como el Casco Antiguo y la Ciudadela, destacando la belleza de estos enclaves en el contexto navideño.
Las imágenes, cuidadosamente seleccionadas y presentadas en blanco y negro y a color, reflejan la admiración de Rhodes por el ambiente festivo y cultural que envuelve a Pamplona en esta época del año. El pianista, conocido como «el enfant terrible de la música clásica», prepara su debut en el auditorio Baluarte estas Navidades, donde ofrecerá un recital que promete ser una experiencia única.
Una experiencia musical diferente
El estilo carismático y cercano de Rhodes lo distingue de otros intérpretes clásicos. Durante sus conciertos, no solo interpreta obras de grandes compositores, sino que también interactúa con el público, compartiendo anécdotas sobre su vida y el trasfondo de las piezas que elige. En esta ocasión, el pianista presentará obras de Chopin, Brahms y Rachmaninov como parte de su gira Maniá.
Al explicar su elección de compositores, Rhodes afirmó: «Hay tantos compositores de altísimo nivel… solo con Mozart necesitas una vida entera para grabar sus obras». Esta reflexión pone de manifiesto su profundo respeto y amor por la música clásica, que ha sido una fuente de fortaleza en su vida personal.
Un divulgador de la música clásica
Desde que comenzó su carrera en 2009, cuando su primer mánager lo animó a grabar su primer CD, James Rhodes se ha convertido en un referente global en la divulgación de la música clásica. Ha publicado numerosos álbumes y libros, destacando su exitoso título Instrumental. Memorias de música, medicina y locura. Actualmente, presenta su propio programa en La SER, titulado En Clave De Rhodes, donde continúa compartiendo su pasión por la música.
Su enfoque innovador le ha permitido atraer a nuevos públicos, actuando en festivales de música pop y en espacios poco convencionales, además de en las principales salas de conciertos internacionales. Ha llevado su arte desde Koerner Hall en Toronto hasta The Barbican en Londres, pasando por el Teatro Real de Madrid y el Liceu de Barcelona, consolidándose como un embajador de la música clásica en todo el mundo.
