La reciente captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos ha generado una ola de reacciones en la ultraderecha europea, que ve en este acto una victoria sobre el socialismo en América Latina. Líderes como Geert Wilders, Santiago Abascal y Éric Zemmour han expresado su apoyo a la acción militar estadounidense, planteando un inquietante dilema sobre la legitimidad del uso de la fuerza en la política internacional.
Wilders, conocido por su retórica radical, publicó en Twitter: «Bang Boom Maduro gone #Venezuela», seguido de un emoticono de un brazo flexionado, sugiriendo que el uso de la fuerza es una estrategia adecuada. Zemmour, por su parte, fue más explícito al afirmar que «la geopolítica siempre se ha hecho con fuerza», destacando que los dictadores deben ser despojados de su poder a cualquier costo. Estos comentarios reflejan una tendencia creciente entre algunos líderes europeos a justificar intervenciones militares como herramientas legítimas para la democracia.
El eco de la ultraderecha europea
La reacción no se limitó a Wilders y Zemmour. Abascal, líder de Vox, tuiteó que «hoy, el mundo es un poco más libre», mientras que su colega Iván Espinosa de los Monteros celebró la captura de Maduro con un «EEUU captura a Maduro #Por Fin». André Ventura, del partido portugués Chega!, también apoyó el ataque, considerando el colapso del régimen de Maduro como una buena señal para la libertad en la región.
Sin embargo, la pregunta que surge es si el secuestro y la violencia son realmente herramientas válidas para el cambio político. Marine Le Pen, líder del partido ultraderechista más antiguo de Europa, ha expresado su desacuerdo con este enfoque, enfatizando que «la soberanía de los Estados jamás es negociable» y que los cambios de régimen deben realizarse dentro del marco del derecho internacional.
Reacciones dispares en Europa
La división en la respuesta a la captura de Maduro es palpable. Mientras que algunos líderes ultraderechistas aplauden la acción, otros, como Emmanuel Macron, han criticado abiertamente el uso de la fuerza. Macron declaró que «el pueblo venezolano está hoy liberado de la dictadura de Nicolás Maduro», pero su ministro de Exteriores, Jean-Noël Barrot, advirtió que la operación violaba principios fundamentales del derecho internacional, lo que podría tener graves consecuencias para la seguridad global.
La controversia también se extiende a otros líderes europeos. Giorgia Meloni, primera ministra italiana, ha mostrado un apoyo cauteloso a la intervención militar, sugiriendo que una acción defensiva sería legítima en el contexto de amenazas híbridas a la seguridad estatal. Esta ambigüedad plantea interrogantes sobre la dirección que tomará la política exterior europea en el futuro.
A medida que se desarrolla este escenario, la comunidad internacional observa con preocupación. La captura de Maduro ha reavivado el debate sobre la legitimidad del secuestro de líderes extranjeros y la intervención militar en la soberanía de las naciones. La perspectiva de que el uso de la fuerza se convierta en un método aceptable para resolver disputas políticas plantea un desafío significativo para el orden internacional y la estabilidad en regiones como América Latina.
En conclusión, la situación en Venezuela y la respuesta de la ultraderecha europea nos obligan a reflexionar sobre los límites de la intervención militar y el respeto al derecho internacional. La legitimidad de las acciones de Trump y la euforia de algunos líderes europeos podrían estar sentando un precedente peligroso que podría redefinir la política global en los años venideros.














