La reciente muerte de un grupo de miembros de las ‘Avispas negras’, una unidad de élite del régimen cubano, durante la captura del líder bolivariano en Fuerte Tiuna el pasado 3 de enero, ha reavivado el debate sobre la profunda injerencia de Cuba en Venezuela. Este suceso ha llevado a muchos a considerar a Nicolás Maduro como un mero representante de La Habana en el país sudamericano, aunque algunos analistas defienden que la influencia cubana se remonta a la llegada al poder de su predecesor, Hugo Chávez.
El control cubano en Venezuela ha sido objeto de estudio por parte de diversos expertos. La directora ejecutiva de Archivo Cuba, Rosa María Rodríguez Werlau, señala que «la presencia e influencia de Cuba en Venezuela ha sido evidente desde la presidencia de Chávez». En su libro, publicado en 2019, Werlau detallaba cómo Cuba había ido apoderándose de diferentes aspectos de la sociedad venezolana, a pesar de ser un país con un territorio ocho veces menor.
Según la experta, el control cubano abarca «el aparato de seguridad, los ministerios, el servicio de inmigración y extranjería, la autoridad electoral, las telecomunicaciones, aeropuertos, puertos y cruces fronterizos, así como la vigilancia cibernética». La organización sin ánimo de lucro, fundada en 2001 en Washington para promover los derechos humanos, destaca que «hay sobradas evidencias de que, durante un cuarto de siglo, Cuba ha utilizado contratos y ‘acuerdos de colaboración’ preferenciales para ejercer control militar, político y social».
El contingente militar cubano en Venezuela ha sido objeto de atención mediática, especialmente tras informes de que el número de cubanos que escoltan a Maduro supera las 60 bajas, según fuentes de la inteligencia estadounidense. Aunque Werlau afirma que «no hay información pública sobre esto», se estima que al menos 20 000 cubanos han sido enviados al país andino en lo que se conocen como «misiones sociales».
La situación actual de Cuba también es preocupante. El régimen comunista se encuentra al borde del colapso debido a la crisis energética, tras perder el petróleo que recibía de Venezuela. Este hecho ha llevado a una creciente militarización en la isla, donde la mayoría de los reclutas se encuentran acuartelados y la dictadura ha intensificado la represión contra opositores y familiares de presos políticos.
Las acciones de la dictadura cubana tras la captura de Maduro han incluido amenazas y advertencias sobre un posible ataque de Estados Unidos. Según Werlau, se han realizado reuniones en centros de trabajo para informar al personal sobre la situación crítica y la necesidad de mantener el control. Esto, señala, se debe al temor de que los líderes cubanos puedan ser revelados si caen en manos estadounidenses.
La elite gobernante en Cuba enfrenta una creciente presión, y la posibilidad de negociar con Maduro sobre la duración de su condena se vuelve más tangible. El miedo a lo que podría revelar un posible detenido ha llevado a La Habana a actuar con rapidez, incluso ordenando el asesinato de quienes podrían comprometer su seguridad.
En conclusión, la relación entre Cuba y Venezuela es más que una simple alianza; se ha convertido en un entramado de control y dependencia que podría llevar a ambos países a una crisis aún más profunda. La situación actual demanda atención internacional y un análisis cuidadoso de las repercusiones que estos acontecimientos pueden tener en la región.
