Oxford University Press, la editorial universitaria más grande del mundo, ha designado «rage bait» (cebo o provocación de la ira) como la expresión del año 2025. Esta elección, anunciada el 1 de diciembre, se refiere al contenido en línea diseñado para incitar rabia, discordia y una indignación que favorezca la interacción en redes sociales. Más de 30 000 personas participaron en la votación, que incluyó la evaluación de lingüistas de la propia universidad.
La creciente popularidad de este término resalta un fenómeno preocupante: el contenido que provoca confrontaciones y extremismos se ha vuelto más atractivo que el debate constructivo. Los algoritmos de las plataformas sociales están programados para dar mayor visibilidad a publicaciones polémicas, lo que contribuye a la polarización política y alimenta discursos de odio. Este entorno digital, que debería ser un espacio de intercambio enriquecedor, se ha convertido en un laberinto de resentimiento.
La manipulación de la ira en redes sociales
Los CEO de las grandes empresas tecnológicas son conscientes de que explotar nuestras fobias genera un ciclo de ira que les beneficia económicamente. Recientemente, se ha revelado que algunos de los perfiles más influyentes del movimiento MAGA (Make America Great Again) son, en realidad, bots operando desde lugares remotos como Filipinas, Nigeria, Pakistán o países de Europa del Este. Estos bots han contribuido a la difusión de desinformación y teorías conspirativas, sembrando un terreno fértil para la ira colectiva.
El Foro Económico Mundial advierte que la manipulación y polarización política son los mayores riesgos que enfrentan las democracias liberales en el corto plazo. La saturación de información digital que consumimos diariamente no solo desorienta, sino que también incapacita la reflexión serena, priorizando el lucro a costa de nuestra salud mental y capacidad crítica.
Rompiendo el ciclo de la ira
La información que consume la audiencia en línea hoy en día es adictiva y acumulativa, careciendo de un propósito orientador. La hostilidad que se difunde se convierte en un contagio, despertando un odio latente que se alimenta de experiencias de desamparo y frustración. La escritora Irene Vallejo afirma que «el algoritmo se ceban en nuestras inseguridades», lo que plantea una pregunta crucial: ¿cómo podemos liberarnos de este cebo que aviva nuestra ira?
La respuesta podría residir en la educación, tanto en el ámbito escolar como en el familiar. Es fundamental aprender a ejercitar el oído en lugar del odio, fomentar lecturas profundas que nutran nuestras conexiones neuronales y desarrollar la capacidad de discernir las fuentes de información. Solo de esta manera podremos desactivar el algoritmo que contamina nuestro pensamiento crítico.
Un cerebro saturado de información negativa no es libre, y la falta de libertad dificulta la interpretación del mundo que nos rodea. La tarea de combatir el «rage bait» y la ira digital no solo es responsabilidad de los individuos; también requiere un esfuerzo conjunto para promover un entorno informativo más saludable y constructivo.















