Situado en el corazón de la provincia de León, el pueblo de Castrillo de los Polvazares se presenta como un encantador enclave que parece sacado de un cuento de hadas. Rodeado de vegetación y con un paisaje de tonos pardos, este pequeño pueblo empedrado ha sido fiel a su historia y tradiciones, convirtiéndose en un lugar de interés tanto cultural como gastronómico.
Con apenas un centenar de habitantes, Castrillo de los Polvazares ha conservado su esencia a lo largo de los años, siendo un claro ejemplo de la cultura maragata. Esta comarca, conocida por su rica historia, fue un importante punto de paso para los arrieros que transportaban mercancías desde las costas del noroeste hacia la meseta central. En sus calles empedradas se refleja un pasado próspero que se extendió desde el siglo XVI hasta el siglo XIX, periodo en el que la llegada del ferrocarril marcó un cambio significativo en la dinámica comercial.
Un legado arquitectónico y cultural
La arquitectura de Castrillo de los Polvazares es una de sus principales atracciones. Las casas de piedra, con grandes portones y amplios patios, fueron diseñadas para facilitar la vida de los arrieros. El suelo adoquinado permitía la circulación de los carros, y los interiores albergaban almacenes y cuadras. Este pueblo fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1980, gracias a su magnífico estado de conservación y a su trazado sencillo, que incluye la Calle Real como eje central y una serie de callejuelas que invitan a perderse en su encanto.
Al recorrer sus calles, el visitante no puede evitar detenerse ante la Iglesia parroquial de Santa María Magdalena, construida en el siglo XVIII. La torre campanario, que se eleva por encima de los tejados, es un hito del paisaje local. Cada 24 de julio, la localidad celebra una fiesta en honor a su patrona, destacando con procesiones y música tradicional. En la plaza frente a la iglesia, un busto de la escritora Concha Espina recuerda que esta autora se inspiró en el pueblo para su novela La Esfinge Maragata.
La experiencia culinaria del cocido maragato
Más allá de su belleza arquitectónica, Castrillo de los Polvazares es famoso por su cocido maragato, un plato que se sirve de manera peculiar, comenzando por las carnes, seguido de las verduras y finalizando con la sopa. Este estilo de servir se cree que tiene su origen en la Guerra de la Independencia, cuando era prudente consumir primero las proteínas por si acaso. Hoy, disfrutar de este plato es una tradición arraigada en la localidad, con varios restaurantes dedicados a ofrecerlo.
Entre los restaurantes más destacados se encuentran el Mesón La Magdalena, que ha mantenido la tradición desde 1925, y Entrepiedras, que comparte abiertamente su receta. Estas casas de comidas se han convertido en paradas obligatorias para quienes desean degustar un auténtico cocido maragato en un ambiente acogedor.
Para aquellos que deseen prolongar su estancia, el pueblo ofrece diversas hosterías, como Rincón Maragato y Cuca La Vaina, donde los visitantes pueden descansar en cómodas habitaciones en un entorno de piedra y madera.
Caminando por Castrillo de los Polvazares, se puede experimentar la magia de un lugar donde el tiempo parece haberse detenido, invitando a disfrutar de su historia, su arquitectura y, sobre todo, de su deliciosa gastronomía.