El inicio de un nuevo año es un momento simbólico que muchas personas utilizan para plantearse cambios en sus vidas, especialmente en lo que respecta a su salud y hábitos alimenticios. Un estudio de la Universidad de Estocolmo, que abarcó a más de mil participantes centrados en propósitos de Año Nuevo, ha revelado que estos objetivos pueden tener efectos duraderos en nuestra salud. Sin embargo, el estudio también subraya la importancia de contar con información precisa y basada en evidencia para lograr estos cambios de forma efectiva.
En este contexto, las búsquedas en internet relacionadas con dietas y nutrición se duplican cada enero, según datos de Google Trends. Este fenómeno se produce, en parte, porque durante las festividades navideñas se produce una «pérdida temporal de nuestros hábitos alimentarios y de nuestro estilo de vida», tal como señala María José Soto-Méndez, socia fundadora de Science for Nutrition and Health Global (SNH-Global) y directora científica de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT). A medida que la gente busca restablecer o mejorar sus hábitos, es esencial que se informen adecuadamente, dado que, como advierte la Estrategia Nacional de Alimentación, «las personas consumidoras se informan sobre alimentación en fuentes no oficiales», lo que incrementa el riesgo de desinformación.
La proliferación de información en las redes sociales y plataformas de vídeo ha creado un entorno mediático alternativo y fragmentado. Según el Digital News Report 2025 del Reuters Institute, este fenómeno ha permitido el surgimiento de una gran variedad de podcasters, youtubers y tiktokers que comparten consejos y recomendaciones de salud. Sin embargo, estos contenidos suelen carecer de respaldo científico y están basados en experiencias individuales, lo que puede llevar a la difusión de información errónea.
El profesor Rafael Urrialde de la Universidad Complutense de Madrid indica que muchas de las recomendaciones que se viralizan en redes sociales están desprovistas de evidencia, lo que plantea un riesgo considerable para la salud de las personas. Soto-Méndez coincide, destacando que algunos consejos provienen de individuos con formaciones ajenas a la salud, como la moda o la interpretación, que comparten lo que les ha funcionado sin la debida base científica. “Lo transmiten con buena intención, pero eso no significa que funcione para todos”, aclara.
Un claro ejemplo de esta desinformación son los llamados “superalimentos”, que son promocionados en redes sociales por sus supuestas propiedades milagrosas. Estos productos, que a menudo carecen de una base científica sólida, pueden llevar a las personas a creer en soluciones rápidas que no existen. Por ejemplo, se han vuelto populares videos en TikTok que afirman que las semillas de chía son un remedio eficaz para perder peso y eliminar grasa abdominal. No obstante, es crucial entender que ningún alimento por sí solo puede sustituir una dieta equilibrada.
Las consecuencias de basarse en información errónea pueden ser graves. Según Melissa Fernandez, profesora en la Universidad de Ottawa y experta en los impactos de los entornos digitales sobre la salud, seguir dietas extremas o consumir productos dietéticos inseguros puede causar desde pérdidas económicas y de tiempo hasta daños reales en la salud, incluyendo deficiencias nutricionales, trastornos alimentarios, o incluso situaciones de emergencia médica.
La directora científica de FINUT, María José Soto-Méndez, subraya la importancia de consultar a un profesional para verificar la información sobre salud y nutrición. Ella también aconseja tener cuidado con los contenidos que utilizan términos como “milagroso”. Del mismo modo, Fernández recomienda ser cauteloso con la información proveniente de personas o empresas que venden productos, ya que esta información, aunque pueda parecer atractiva, no siempre es la más fiable. “Puede ser menos emocionante, pero recurrir a fuentes confiables, como agencias nacionales de salud, es más seguro y efectivo”, concluye.