“Chorizo”, “payaso irresponsable” y “montón de mierda”. Así se dirigió un trabajador de seguridad a su apoderado en un grupo de Whatsapp de 50 personas, motivado por una supuesta deuda salarial de 40 euros. Sin embargo, este arrebato verbal le ha costado mucho más de lo que imaginaba.
El jefe del trabajador decidió demandarlo por injurias. En un primer momento, un juzgado de primera instancia en Murcia desestimó la demanda, pero la Audiencia Provincial ha dictado recientemente una sentencia que condena al trabajador a pagar 1.184 euros.
La Audiencia, según recoge EFE, considera que las expresiones utilizadas son injuriosas «desde cualquier punto de vista». A pesar de que el juzgado inicial minimizó la importancia de los comentarios, alegando que no existía intención de ofender, el nuevo tribunal ha determinado que, independientemente de la existencia de la deuda —algo que no ha sido probado—, no hay justificación para este tipo de insultos en un grupo de Whatsapp en el que el demandante tiene una responsabilidad laboral.
Imagen de la app de WhatsApp en un móvil. / INFORMACIÓN
Un aspecto que no ha considerado la Audiencia es que los insultos también podrían haber vulnerado el derecho al honor de la empresa. El tribunal argumenta que los términos utilizados, tanto en forma escrita como en un mensaje de voz, no representan una ofensa hacia la compañía, dado que reflejan el enfado del trabajador por no cobrar la presunta deuda.
Respecto a la indemnización, la Audiencia considera que es proporcional a la ofensa y corresponde al importe del salario mínimo interprofesional. Además, el tribunal ha establecido la obligación de que el trabajador publique el fallo en el mismo grupo de Whatsapp donde se produjeron las injurias.
Este caso pone de relieve la creciente importancia de la comunicación digital en el ámbito laboral y cómo las palabras pueden tener consecuencias legales. En un entorno donde las interacciones se realizan a menudo a través de plataformas instantáneas, como Whatsapp, es crucial que los trabajadores sean conscientes de la repercusión que puede tener su lenguaje, incluso en momentos de frustración.
La sentencia también plantea interrogantes sobre el equilibrio entre el derecho a la libre expresión y la protección del honor. En un contexto laboral, donde la dinámica de poder puede ser compleja, es importante abordar estos temas con sensibilidad y cuidado. Este caso no solo ha afectado al trabajador involucrado, sino que también podría servir de advertencia para otros empleados que se sientan tentados a expresar su descontento de manera similar.
A medida que la comunicación digital se convierte en la norma, el desafío radica en encontrar un equilibrio entre la autenticidad y la responsabilidad. En un mundo laboral cada vez más interconectado, las consecuencias de un mensaje pueden ser mucho más severas de lo que se podría esperar.