Hoy en día, la forma en la que comemos ha cambiado drásticamente. La búsqueda de lo nuevo nos lleva a visitar el último restaurante de fusión en la ciudad, a estar al tanto de las novedades en supermercados como Mercadona y a buscar, casi con ansiedad, una dieta que sea rápida, fácil y saludable al mismo tiempo. Nos hemos acostumbrado a exigir soluciones inmediatas: platos que se adapten a nuestras agendas complicadas y recetas que prometan cuidarnos sin robarnos tiempo. Sin embargo, parece que cada vez resulta más complicado comer bien.
Lo curioso es que, en esta búsqueda constante de alternativas, muchos hemos pasado por alto que lo que hoy se conoce como ‘comer sencillo’, ‘comer de temporada’ o ‘alimentación consciente’ tiene un nombre claro: dieta mediterránea. Así lo recuerda con una lucidez admirable Carme Ruscalleda, chef con siete estrellas Michelin, en una entrevista del pódcast ‘La Picaeta’.
La dieta mediterránea es nuestra herencia
Para Carme Ruscalleda, la dieta mediterránea representa una herencia cultural. “Somos herederos de una forma de comer que no es ningún castigo”, explica. Se trata de una forma de alimentarse en la que los productos de temporada están siempre presentes, preparando al cuerpo para los cambios de temperatura que trae cada estación. Desde un punto de vista nutricional, es lógico, pero también de sentido común.
No obstante, esta forma de alimentarnos se ha ido desplazando poco a poco. Hoy vivimos rodeados de productos procesados, bien publicitados y atractivos, que nos convencen con la excusa de que ‘no tengo tiempo’. En este contexto, muchas familias han perdido el vínculo con su propia cocina. La chef advierte que “hemos perdido una generación de jóvenes que saben más de ramen y muffins que de cocas, aceite y escudillas”.
“Hemos perdido una generación de jóvenes que saben más de ramen y muffins que de aceite y escudillas”
Comer también es cultura, historia y educación
Uno de los mensajes más potentes de su discurso es que la alimentación debería enseñarse. Carme Ruscalleda sostiene que debería existir una asignatura en las escuelas que abarque cocina, nutrición y territorio. “Enseñar a comer no va únicamente de recetas, va de historia, cultura, economía y salud. Es enseñar a mirar un alimento y entender de dónde viene y por qué está en tu plato”. Afortunadamente, también cree que estamos en un momento de cambio, donde las administraciones comienzan a reconocer la verdadera importancia de la gastronomía tradicional, no solo como un elemento folclórico.
“La dieta mediterránea no está reñida con la modernidad”
Según Ruscalleda, la tradición y la vanguardia pueden convivir. De hecho, celebra que se reconozca el valor tanto de quienes innovan como de quienes protegen la tradición. “Hoy sabemos más y tenemos más herramientas, por lo que podemos hacerlo todo mejor. La dieta mediterránea no está reñida con la modernidad. Al contrario, es flexible, adaptable y profundamente actual. Se basa en productos frescos, en cocina de temporada, en grasas de calidad como el aceite de oliva, en legumbres, verduras y pescado, así como en recetas que respetan el tiempo de cada ingrediente”, afirma. Este enfoque se alinea con lo que ahora buscamos, si bien bajo diferentes nombres.
En resumen, la reflexión de Carme Ruscalleda sobre la dieta mediterránea no solo resalta la riqueza de nuestra tradición culinaria, sino que también invita a una revalorización de la cocina en la educación y la vida cotidiana. La clave parece estar en unir lo viejo con lo nuevo, recordando que comer bien no es una cuestión de tiempo, sino de cultura, conocimiento y conexión con lo que tenemos a nuestro alcance.