La reciente adquisición de Manus por parte de Meta ha generado un intenso debate sobre cómo se deben regular las plataformas digitales en Europa. Anunciada en diciembre de 2025, esta compra ha sido vista por algunos como una inversión estratégica en la carrera por la inteligencia artificial autónoma, mientras que otros la consideran un paso más en la consolidación del poder de Meta, que podría amenazar la competencia en el mercado digital europeo.
¿Qué distingue a Manus de otras tecnologías?
Es fundamental entender qué hace que Manus sea diferente de otras propuestas menos desarrolladas en el ámbito de la inteligencia artificial. A diferencia de un simple chatbot, Manus tiene la capacidad de ejecutar tareas complejas de principio a fin sin necesidad de supervisión humana constante. Puede descomponer grandes objetivos en subtareas, integrar datos de múltiples fuentes y llevar a cabo acciones en sistemas reales, corrigiéndose a sí mismo si algo falla. En términos económicos, Manus ya era un negocio consolidado, generando ingresos recurrentes anualizados superiores a 100 millones de dólares y con márgenes positivos.
Meta ha decidido adquirir Manus por una razón estratégica clara: en un mercado donde OpenAI y Google dominan el desarrollo de modelos de lenguaje, el control de la automatización empresarial se ha vuelto crucial. Quien controle cómo las empresas automatizan procesos críticos tendrá una ventaja significativa en un mercado emergente de valor incalculable.
Las implicaciones de la Ley de Mercados Digitales
Sin embargo, Meta no es una empresa cualquiera. Desde septiembre de 2023, forma parte de un grupo reducido de plataformas designadas como «plataforma de servicios núcleo» bajo la Ley de Mercados Digitales (DMA) de la Unión Europea. Esta designación implica obligaciones especiales que otras compañías no enfrentan. En abril de 2025, la Comisión Europea multó a Meta con 200 millones de euros por violar el Artículo 5(2) de la DMA, sentando así un precedente de aplicación activa de la ley.
La DMA no prohíbe la adquisición de Manus, pero sí regula cómo se debe realizar dicha integración. El Artículo 6 es especialmente relevante, ya que prohíbe a Meta utilizar datos de sus servicios como Facebook, Instagram o WhatsApp para entrenar sistemas competidores de terceros. Esta regulación busca evitar lo que se denomina «agrupación coercitiva», donde los usuarios se ven obligados a aceptar servicios agrupados.
Recientemente, Meta prohibió el uso de chatbots de inteligencia artificial de terceros en la API de WhatsApp Business y, poco después, anunció la compra de Manus. La Comisión Europea podría interpretar esta secuencia como una estrategia para expulsar a la competencia, lo que podría agravar la situación regulatoria de Meta.
Los servicios de WhatsApp Business son utilizados por millones de pequeñas y medianas empresas. Si Manus se convierte en el agente automático estándar dentro de esta plataforma, estas empresas podrían verse forzadas a utilizarlo sin explorar alternativas. Aunque esto no es ilegal bajo la DMA, genera preocupaciones sobre la competencia, ya que Meta podría adquirir información valiosa sobre el uso de agentes autónomos que sus competidores no tendrían.
La Comisión Europea ya ha comenzado a investigar las políticas de IA de Meta en relación con WhatsApp, abriendo una investigación formal en diciembre de 2025, justo cuando se anunció la compra de Manus. Esto indica que los reguladores ven un riesgo real en la adquisición.
A pesar de las preocupaciones, es importante reconocer los posibles beneficios de la integración de Manus. Si se implementa correctamente, pequeñas empresas podrían automatizar procesos como la gestión de facturas y consultas de clientes sin necesidad de personal técnico especializado, algo que podría ser un gran avance en mercados donde estas herramientas son escasas.
La competencia en el ámbito de los agentes autónomos es real, con empresas como Google, OpenAI, Apple y Microsoft desarrollando sus propias soluciones. La idea de que la compra de Manus por parte de Meta cierre la competencia no se sostiene en la actualidad.
La cuestión que se plantea ahora es cómo regular la adquisición y qué condiciones se podrían imponer. Meta ha notificado formalmente a la Comisión Europea sobre la compra, que tiene veinticinco días hábiles para decidir si abre una investigación formal. Dado el contexto hostil tras la multa y la investigación abierta, es probable que la aprobación de la adquisición venga acompañada de restricciones severas.
Las condiciones que podrían imponerse no serían triviales. Manus podría operar como una entidad separada, con APIs abiertas a competidores y equipos segregados. Además, la integración de Manus en WhatsApp Business podría estar prohibida durante un periodo de tres a cinco años.
Aunque Meta no cierra automáticamente el mercado con la compra de Manus, sí lo reorienta. La regulación puede limitar la integración agresiva, pero la empresa obtendrá información valiosa que sus competidores no tendrán. El clásico problema de las plataformas radica en que quien controla la infraestructura tiene poder sobre quién accede y cómo.
La forma en que se gestione este caso establecerá precedentes para futuras adquisiciones en el sector de la IA. La tensión entre la integración eficiente y la protección del mercado del abuso de posición dominante será un tema central en la regulación futura. La Ley de Mercados Digitales es un instrumento que está aprendiendo a medida que avanza, y Manus será un caso clave para definir cómo se interpretan conceptos como «auto-preferencia» y «abuso de datos» en el contexto de la inteligencia artificial autónoma.