El CEIP Real ha sido seleccionado como uno de los diez centros educativos finalistas en el programa DigiCraft, gracias a un proyecto innovador desarrollado por el alumnado de 6º de Primaria, bajo la coordinación de su tutora, Rocío González Justo. Cuatro estudiantes representarán al centro en la fase nacional del Skill Upload Junior Challenge, que se llevará a cabo el próximo 13 de febrero de 2024 en la sede de la Fundación Vodafone en Madrid, donde se determinará qué proyecto accederá a la fase europea.
Este reconocimiento llega tras meses de dedicación y trabajo en el aula, y pone de manifiesto el compromiso del CEIP Real con la educación digital y creativa, una iniciativa que llevan desarrollando desde hace tres años. DigiCraft es un programa que fusiona la educación digital con la creatividad artística y el trabajo manual, promoviendo habilidades como el pensamiento crítico, la colaboración y la comunicación entre los estudiantes.
Un reto enfocado en el bienestar digital
Según explica Rocío González, esta es la primera vez que DigiCraft llega a Melilla y ha resultado ser una de las experiencias más motivadoras para el centro. “DigiCraft combina siempre una actividad manual con el uso de la tecnología. Los niños crean algo con sus manos y luego lo relacionan con medios tecnológicos, como grabaciones de vídeos, audios, podcasts, realidad aumentada o realidad virtual”, señala la coordinadora.
Cada año, el programa plantea un reto común a nivel europeo. En esta edición, el desafío se centra en el bienestar digital, un tema trabajado por el alumnado desde su propia experiencia. “Tuvieron que identificar un problema real relacionado con el uso de la tecnología en su día a día y proponer una solución”, añade González. Para ello, el grupo comenzó a trabajar en octubre, con la fecha límite de presentación fijada en enero.
El proceso fue metódico y centrado en el alumnado. Comenzaron de forma individual, luego en pequeños grupos y finalmente en gran grupo para consensuar la idea final. “No era un trabajo de unos pocos. Todos han participado, todos han opinado y todos han votado”, subraya la docente.
Una solución innovadora para un problema actual
Durante las fases iniciales, surgieron múltiples propuestas. Algunas abordaron el uso excesivo de móviles y tablets, mientras que otras se centraron en aspectos emocionales y de presión social. “Apareció incluso el término FOMO, que muchos alumnos ya conocían y que nosotros tuvimos que aprender con ellos”, recuerda González, refiriéndose a la sensación de estar perdiéndose algo que otros están viviendo, una realidad amplificada por las redes sociales.
Finalmente, la idea seleccionada consistió en la creación de un dispositivo imaginario destinado a regular el uso excesivo de la tecnología. Este invento, diseñado conceptualmente por los propios alumnos, consistía en unos cascos conectados a la tablet que, a través de la actividad cerebral del usuario, detectaban cuándo se superaba un tiempo prolongado de uso. En ese momento, el sistema comenzaba a reducir la batería del dispositivo hasta apagarlo por completo.
“Ellos lo explicaban como una especie de electrodo que conecta con el cerebro y con la tablet. Cuando detecta que llevas mucho tiempo usando la tecnología, empieza a quitarle batería al aparato”, detalla la coordinadora del proyecto. El objetivo no era construir físicamente el dispositivo, sino desarrollar la idea, justificarla y presentarla de forma clara y creativa.
Para ello, el alumnado elaboró un vídeo recreando situaciones cotidianas y una presentación digital realizada con Canva, en la que explicaban el problema detectado, la solución propuesta y cómo ese invento podría ayudar en la vida diaria. Este material fue lo que presentaron al concurso, permitiendo al CEIP Real convertirse en uno de los diez centros seleccionados en toda España.
La noticia de la clasificación fue recibida con gran entusiasmo. “Me avisaron un viernes y cuando lo vi en el correo fue una locura en clase. Los niños se pusieron contentísimos”, recuerda González. Sin embargo, el siguiente paso fue más complicado: elegir a los cuatro alumnos que viajarán a Madrid para representar al centro. Esta decisión se tomó en coordinación con el equipo directivo, considerando distintos factores.
Para los estudiantes seleccionados, este viaje representa una experiencia única. “Muchos de ellos no han viajado nunca solos ni han salido de Melilla sin sus padres. Para ellos todo es nuevo y están muy ilusionados”, comenta la docente, resaltando el valor humano y educativo de esta vivencia más allá del concurso.
La fase nacional reunirá a los diez centros finalistas en una jornada lúdico-académica donde cada grupo presentará su proyecto. Ese mismo día se decidirá qué centro resulta ganador y accede a la fase europea, que en esta edición se prevé que se desarrolle de forma virtual. En caso de ganar la fase nacional, el premio consistirá en una actividad educativa para toda la clase.
Desde el CEIP Real, el simple hecho de haber llegado hasta aquí ya es motivo de orgullo. “Nunca nos imaginamos que íbamos a quedar finalistas. Ver que nuestro trabajo se reconoce a nivel nacional es una satisfacción enorme”, afirma González. Un sentimiento que, según explica, se extiende a todo el claustro y al equipo directivo del centro.
La coordinadora destaca que DigiCraft permite trabajar competencias clave que van mucho más allá del currículo tradicional. “Se trabaja la cooperación, la comunicación, el pensamiento crítico, el aprender a expresar una idea y defenderla, y el decidir entre todos qué funciona y qué no”, explica. Además, el proyecto se integra dentro del horario escolar, generalmente en el área de Educación Artística, lo que permite combinar contenidos y metodologías.
“El uso de tecnologías que no conocían, como la realidad aumentada o la grabación de vídeos, les motiva mucho, pero lo más importante es el proceso y cómo aprenden a trabajar juntos”, añade. Los trabajos realizados se comparten posteriormente a través del blog y las redes del centro, permitiendo que las familias conozcan de primera mano el trabajo del alumnado.
Con esta experiencia, el CEIP Real espera seguir apostando por el programa en cursos futuros y animar a otros centros de Melilla a sumarse a la iniciativa. “Es un proyecto muy bonito, que gusta mucho a los niños y en el que se trabajan muchísimas cosas de una forma diferente”, concluye González, a la espera de que el próximo 13 de febrero el trabajo del alumnado melillense vuelva a ser protagonista a nivel nacional.