El Entierro de la Sardina en Santa Cruz de Tenerife se ha convertido en un evento emblemático que reunió a miles de viudas en un desfile lleno de color y tradición. La cita, que tuvo lugar el Miércoles de Ceniza, comenzó con una invitación de una viuda anónima, quien animó a sus compañeras a prepararse para el cortejo fúnebre que estaba a punto de partir desde el Edificio Salesianos.
El desfile, que se inició en la plaza militar, estuvo marcado por la carroza de Pepe Benavente, un referente en las festividades, que aportó música y alegría al ambiente. La comitiva avanzó hacia la Alameda, donde se previó la quema de la sardina antes de la medianoche, culminando así con la fiesta del Carnaval.
Las viudas, vestidas con atuendos llamativos, fueron el alma del desfile, reflejando el espíritu transgresor y familiar que caracteriza esta celebración. Entre los participantes se encontraban personajes icónicos del Carnaval, como Adonai Hormiga, quien rindió homenaje a su padre, un conocido referente del evento.
Este año, la sardina llevaba el nombre de Ildefonsa, un detalle revelado por Elena González durante una rueda de prensa. La carroza, diseñada por su hija, navegó entre banderas de países latinoamericanos, evocando la fusión cultural que se celebra en este evento.
El desfile, que también contó con la presencia de grupos de percusión como «Los Fieles», resultó ser un canto a la vida y a la tradición, donde la música y el humor se entrelazaron en un ambiente festivo. A medida que la comitiva avanzaba, el ritmo se intensificaba, llenando las calles de Santa Cruz con alegría y participación popular.
La esencia del Carnaval se mantuvo viva en cada rincón, con viudas que compartieron risas y anécdotas, reafirmando la conexión entre la comunidad y la celebración. Este evento no solo marca el final del Carnaval, sino que también representa un momento de reivindicación cultural y social en la historia de la ciudad.





