Indra y Santa Bárbara se encuentran en medio de un desacuerdo que ha escalado hasta el Tribunal Supremo. La filial española de General Dynamics ha impugnado los contratos otorgados a la unión temporal de empresas (UTE) que incluye a Indra y Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) por un monto de 3.000 millones de euros. Este recurso se basa en la percepción de que Indra carece de la capacidad necesaria para desarrollar obuses, un punto enfatizado por Alejandro Page, director general de Santa Bárbara.
El conflicto se intensifica con el anuncio de un segundo recurso relacionado con un contrato que asciende a 7.240 millones de euros. Según la empresa del grupo General Dynamics, el proceso de adjudicación de los Programas Especiales de Modernización (PEM) se ha realizado «sin ninguna publicidad ni concurrencia», bajo la dirección del Ministerio de Defensa.
Indra, que busca posicionarse como un referente en el sector de la defensa en Europa, ha sido beneficiada por créditos al 0% y ha logrado contratos significativos en el ámbito militar. Sin embargo, la situación se complica ante las dudas del Gobierno respecto a una posible fusión con Escribano, debido a la importancia estratégica de mantener el control sobre una compañía clave para la industria de defensa nacional.
Desde que estalló el conflicto, Santa Bárbara ha sido considerada el principal socio comercial de las Fuerzas Armadas en lo que respecta a vehículos blindados y tanques. En este contexto, se destaca que Santa Bárbara ha sido seleccionada para modernizar el tanque de infantería Pizarro, un contrato valorado en 263 millones de euros, que representa solo una pequeña fracción de los 34.000 millones de euros asignados por el Ministerio de Defensa.
Por su parte, Indra ha obtenido contratos que superan los 5.600 millones de euros, lo que representa una significativa porción del mercado. Sin embargo, a pesar de este crecimiento, la empresa sigue siendo la más pequeña entre sus competidores europeos. En un intento por mejorar su oferta, Indra ha firmado un acuerdo con la empresa surcoreana Hanwha Defense, que produce el obús autopropulsado K9 Thunder, abriendo la posibilidad de alternativas frente a los productos de Santa Bárbara.
El clima de tensión entre ambas compañías también se ha visto alimentado por la reciente contratación de varios ejecutivos de Santa Bárbara por parte de Indra, lo que ha llevado a acusaciones de espionaje industrial, con denuncias de sustracción de documentos confidenciales. Este enfrentamiento ha alcanzado un punto crítico, donde ambas partes deben encontrar una forma de coexistir en un sector cada vez más competitivo y regulado.








