La humanidad se prepara para regresar a la Luna tras más de medio siglo desde la última misión del programa Apolo, que concluyó en 1972. Este nuevo esfuerzo se enmarca en el programa Artemis, impulsado por la NASA, y presenta un enfoque sustancialmente diferente al de los años 60. Mientras que el objetivo del Apolo era simplemente llegar y regresar, Artemis busca establecer una presencia duradera en nuestro satélite natural.
La misión Artemis II, programada para marzo de 2026, será la primera tripulada de este ambicioso programa. Cuatro astronautas realizarán un vuelo alrededor de la Luna, un hito significativo tras el éxito de la misión de prueba no tripulada Artemis I. Esta misión tiene un componente simbólico importante, ya que será la primera vez que viajen a la Luna una mujer, una persona negra y un astronauta no estadounidense, el canadiense Jeremy Hansen.
El enfoque de la NASA es claro: regresar a la Luna con la intención de establecer una infraestructura permanente. Para ello, se planea la creación de Gateway, una plataforma orbital que funcionará durante al menos quince años, sirviendo como base para misiones tanto tripuladas como robóticas. Esta estrategia permitirá una presencia humana continua en el entorno lunar.
A diferencia de las misiones Apolo, donde los astronautas pasaron en conjunto alrededor de quince días en la superficie lunar, Artemis tiene como objetivo que el ser humano aprenda a vivir y trabajar durante períodos prolongados en otro mundo. Además, se busca desarrollar capacidades para aprovechar los recursos naturales de la Luna, un conocimiento clave para futuras misiones más ambiciosas.
La tripulación de Artemis II estará conformada por los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. En un encuentro con los medios, Guillermo González, jefe de producción de los módulos de servicio europeos de la Agencia Espacial Europea (ESA), destacó que el programa cuenta con un fuerte componente internacional, liderado por Estados Unidos y apoyado por múltiples países y sectores, tanto público como privado, creando las condiciones para una eventual economía lunar.
La combinación de misiones tripuladas con operaciones robóticas permitirá avanzar de manera progresiva y segura. Según González, este enfoque no solo servirá para inspirar a futuras generaciones de ingenieros y científicos, sino que también facilitará el aprendizaje necesario para alcanzar Marte en el futuro.
El cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) lanzará la nave Orion desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida. Inicialmente, la nave orbitará la Tierra antes de emprender un viaje de cuatro días hacia la Luna. Después de sobrevolar el satélite, regresará a nuestro planeta en una misión que se estima durará diez días.
Durante la fase inicial en órbita terrestre, la tripulación verificará el funcionamiento de todos los sistemas de la nave y realizará maniobras de proximidad. Una vez completadas estas pruebas, el segundo módulo de servicio europeo impulsará a Orion hacia la órbita lunar, llevándola a volar a casi 7.500 kilómetros más allá de la Luna antes de regresar a la Tierra.
El programa Artemis representa un cambio no solo en la duración y el enfoque de las misiones, sino también en los lugares de operación. Las futuras expediciones se dirigirán al Polo Sur lunar, una región que no fue explorada durante el programa Apolo, pero que se ha identificado como rica en agua en forma de hielo, un recurso crucial para la exploración espacial a largo plazo.
Europa desempeña un papel relevante en este proyecto a través de la ESA, especialmente en el desarrollo de la nave Orion, de la que aproximadamente la mitad ha sido diseñada y construida en Europa. La nave es significativamente diferente del antiguo transbordador espacial, siendo más pequeña y diseñada para escapar de la gravedad terrestre y viajar hasta la Luna.
La nave Orion está pensada para transportar una tripulación más reducida, operar durante semanas en el espacio profundo y asegurar el regreso de los astronautas a la Tierra. Además, incorpora servicios que no existían en las misiones Apolo, como un sistema de ejercicio, un retrete y una pequeña cocina, reflejando el nuevo objetivo del programa de no solo llegar más lejos, sino hacerlo durante más tiempo y en mejores condiciones.








