La reportera Luisa Chamizo de El tiempo justo ha estado en el centro de la atención al ser testigo del desalojo de varios vecinos en Benaoján, un municipio de la provincia de Málaga gravemente afectado por las recientes inundaciones. Durante su conexión en directo, Chamizo enfrentó múltiples dificultades al intentar captar la angustiante situación que viven los residentes, quienes luchan contra los efectos devastadores de las torrenciales lluvias.
En una emotiva transmisión, la reportera se encontró con la desesperación de la comunidad local. Una vecina del pueblo, Francisca, no pudo contener las lágrimas mientras compartía su doloroso testimonio ante las cámaras. Otra residente, Isabel, expresó su preocupación al ver cómo el agua comenzaba a filtrarse por los enchufes y las paredes de su hogar, una imagen que refleja la gravedad de la situación. La angustia se palpaba, y la incertidumbre sobre si debían abandonar el pueblo intensificó el clima de crisis.
Durante la cobertura, la Guardia Civil intervino y solicitó a los reporteros que abandonaran la zona, lo que subrayó la seriedad de la emergencia. Chamizo relató en directo: «Nos piden que abandonemos la zona». La tensión entre la obligación de informar y la seguridad personal se hizo evidente en su relato.
Lamentablemente, la situación no mejoró rápidamente. Según los informes, en una de las barriadas de Benaoján, los vecinos tuvieron que ser desalojados apenas dos horas después de la conexión en directo de la reportera. Este momento es un claro reflejo de los desafíos que enfrentan los medios de comunicación al cubrir desastres naturales, donde la integridad de los periodistas y la seguridad de los ciudadanos deben ser prioritarias.
La labor de los profesionales de los medios en estas circunstancias es crucial para dar voz a quienes sufren, pero también plantea preguntas sobre los riesgos que están dispuestos a asumir para llevar la verdad al público. La cobertura de Chamizo es un ejemplo del compromiso del periodismo en tiempos de crisis, donde cada historia cuenta y cada voz importa.















