En lo profundo de la sierra de l»Albera, en la provincia de Girona, se encuentra el Castillo de Requesens, una fortaleza que desafía el tiempo y despierta la curiosidad de quienes se aventuran en su búsqueda. Este impresionante edificio, cuya historia se remonta a más de mil años, fue en su momento la primera opción del célebre pintor Salvador Dalí para regalar a su musa, Gala, aunque la negativa de sus propietarios frustró su intención.
La fortaleza se eleva majestuosamente entre la densa vegetación del bosque mediterráneo, dominando los valles del monte Neulós. Su estética dramática resulta aún más cautivadora durante el mes de febrero, cuando la luz invernal y la falta de hojas permiten admirar su estructura de piedra, extraída de la misma montaña, con una claridad que el verano oculta.
La belleza del Castillo de Requesens no pasó desapercibida para Dalí, quien se obsesionó con la idea de comprarlo. Su diseño arquitectónico y su ubicación única lo llevaron a intentar adquirirlo para cumplir su promesa de regalarle un castillo a Gala. Sin embargo, la negativa de los dueños lo llevó a desistir, y finalmente optó por el Castillo de Púbol, dejando a Requesens en un olvido romántico.
La historia del castillo es turbulenta. Su origen se sitúa en el siglo XI, cuando Gausfred II de Rosellón construyó la primera fortificación, en medio de disputas territoriales con los condes de Empúries. A lo largo de los siglos, el castillo fue escenario de asedios y batallas, pasando por diversas manos, incluidos los vizcondes de Rocabertí. Su relevancia estratégica lo convirtió en un objetivo de saqueos constantes, lo que resultó en su abandono y deterioro.
Lo que hoy se contempla es una reconstrucción romántica del siglo XIX, emprendida por Tomas de Rocabertí. Este esfuerzo buscó crear una residencia de verano, priorizando la espectacularidad sobre la fidelidad arqueológica. Así, se adoptó un estilo neomedieval con influencias románticas, logrando una fortaleza idealizada con torres almenadas y patios nobles.
El castillo está compuesto por tres recintos fortificados que combinan elementos del siglo XI con añadidos modernos. Sobresale la Torre del Homenaje, que otorga verticalidad al conjunto, y una serie de torres cilíndricas que configuran su perfil único. En su interior, un amplio patio central organiza la vida del recinto, rodeado de escaleras de piedra, galerías porticadas y vigas de madera noble que recrean la atmósfera de un palacio.
Durante la Guerra Civil, el castillo fue ocupado por un batallón franquista, pero afortunadamente, su estructura no sufrió daños significativos, preservándose casi intacta hasta nuestros días. Actualmente, la propiedad pertenece a los duques de Medinaceli, quienes, aunque no residen allí, se aseguran de que el castillo no sea víctima del vandalismo que sufrió en el pasado.
El acceso al Castillo de Requesens se realiza desde La Jonquera, a través de una pista forestal de aproximadamente 7 kilómetros que requiere precaución. Es importante destacar que no se puede visitar libremente. El acceso está regulado y las visitas deben ser concertadas, generalmente durante los fines de semana. Para descubrir sus secretos, desde las caballerizas hasta la capilla de estilo románico reinterpretado, es necesario hacer una reserva, con un coste aproximado de 8 euros. Estas visitas permiten recorrer los pasos de ronda y ascender a las torres, desde donde las vistas son impresionantes, abarcando todo el Alt Empordà hasta el mar, un panorama que sin duda cautivó a Dalí y continúa fascinando a quienes lo descubren.





