El CEO de Meta, Mark Zuckerberg, se presentó recientemente en un juicio en el que se le acusa de diseñar intencionadamente las redes sociales para fomentar la adicción. Esta demanda surge de la experiencia de una joven californiana, K. G. M., quien comenzó a usar Instagram a los 11 años. Ella sostiene que la plataforma ha sido responsable de su depresión, ansiedad y problemas de autoestima, alegando que tales aplicaciones han tenido un impacto negativo en su salud mental.
El caso se está llevando a cabo en el Tribunal Superior del Condado de Los Ángeles y podría establecer un precedente significativo en la discusión sobre la responsabilidad de las redes sociales. La demandante, junto a otros 1.500 casos similares, busca demostrar que las técnicas utilizadas por Instagram, como la reproducción automática de videos y las notificaciones constantes, son perjudiciales para los jóvenes.
Zuckerberg, en su defensa, argumentó que tanto Instagram como Facebook limitan el registro a usuarios mayores de 13 años y que, por lo tanto, K. G. M. debió haber mentido acerca de su edad. Aclaró que la compañía está trabajando para mejorar el control de acceso, aunque admitió que le habría gustado tener más éxito en este aspecto en el pasado.
La pregunta clave en este proceso es si el uso de Instagram fue un factor importante en los problemas de salud mental de la demandante. Zuckerberg comentó que, aunque la joven podría haber hecho un uso perjudicial de la red social, esto no implica que exista una «adicción clínica» a la aplicación, ya que considera que esto es un asunto personal.
La historia de Facebook, que fue fundada por Zuckerberg a los 19 años, comenzó con un portal llamado «Fasemash», donde los estudiantes de Harvard podían calificar la apariencia de sus compañeros. Este proyecto inicial, aunque polémico, sentó las bases para lo que se convertiría en una de las plataformas más influyentes de la era digital. Desde su creación, Facebook ha evolucionado hacia un espacio que busca interconectar a sus usuarios, lo que ha generado un aumento en el tiempo que estos pasan en línea.
Según un estudio de la Fundación Mapfre y Siena Educación, los entrevistados coinciden en que las redes sociales representan un riesgo para el bienestar emocional de los adolescentes. El acceso temprano a contenidos inapropiados y la falta de regulación en el uso de estas plataformas han llevado a que el 56% de los profesores afirme que la salud mental de sus alumnos es «regular» o «mala».
La demanda también resalta el uso de filtros de belleza en Instagram, los cuales, según el abogado de la acusación, alimentan los problemas de imagen corporal entre los jóvenes. A pesar de ello, Zuckerberg indicó que no han encontrado pruebas suficientes que vinculen estos filtros con daños directos, por lo que decidieron no prohibir su uso.
Este juicio no solo podría tener repercusiones para la compañía, sino que también podría influir en la manera en que las redes sociales son utilizadas y reguladas en el futuro, un aspecto crucial para la salud mental de las generaciones venideras.





