Recientemente, ha surgido un texto que afirma haber encontrado una relación entre las muertes de bebés y la vacunación contra el sarampión. Sin embargo, este documento no ha sido validado a través de una revista científica reconocida, sino que ha sido publicado en Zenodo, un repositorio digital que no exige revisión por pares para la difusión de su contenido.
Los datos utilizados por los autores provienen del Sistema para Reportar Eventos Adversos a las Vacunas (VAERS, por sus siglas en inglés). Es importante destacar que este sistema recopila informes sobre efectos adversos que pueden ocurrir después de la vacunación, pero no está diseñado para establecer causaciones. Esto significa que no todos los eventos adversos que se informan se deben necesariamente a la vacuna administrada.
Además, es relevante mencionar que siete de los nueve autores implicados en este análisis están asociados a la Fundación McCullough, cuyo presidente es Peter McCullough. Este excardiólogo ha visto su licencia revocada debido a la difusión de información engañosa sobre la seguridad y eficacia de las vacunas. Su fundación ha promovido afirmaciones que contradicen la evidencia científica actual, tales como la supuesta relación entre la vacunación y el riesgo de desarrollar trastornos del espectro autista o cáncer.
Según datos de 2025 del Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades (ECDC), un alarmante 86% de los casos de sarampión diagnosticados en personas con estado de vacunación conocido corresponden a individuos no vacunados. Asimismo, registros epidemiológicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que el programa de vacunación global contra el sarampión ha logrado reducir las muertes anuales por esta enfermedad en casi un 90% entre los años 2000 y 2024, salvando un total de 58,7 millones de vidas durante ese periodo.
Por lo tanto, es crucial abordar con cautela este tipo de informes no revisados y basados en datos que no sostienen una relación de causalidad entre la vacunación y los efectos adversos. La desinformación sobre las vacunas puede tener consecuencias graves para la salud pública, especialmente en un contexto donde la vacunación es una herramienta esencial para la prevención de enfermedades como el sarampión.





