En un análisis crítico sobre la situación actual del PSOE, se plantea que un partido no debería sacrificarse en favor de la permanencia de un líder. Esta reflexión se inspira en un poema de Salvador Espriu que resalta la importancia de la colectividad sobre el individuo. En este contexto, Ángel Víctor Torres ha sugerido que Felipe González debería abandonar el partido, señalando una preocupante falta de memoria histórica.
No es la primera vez que González se aleja del PSOE. En el XXVIII Congreso, enfrentó una resistencia significativa a su propuesta de reformar la ideología del partido, lo que lo llevó a anunciar su dimisión. Sin embargo, después de un congreso extraordinario, se reafirmó como secretario general, defendiendo la transformación del PSOE hacia una socialdemocracia más clara.
La situación actual del partido se caracteriza por una persecución de las voces disidentes, donde el disenso se considera casi un pecado ideológico. La etiqueta de «de derechas» se ha aplicado indiscriminadamente a figuras como González y Guerra, reflejando una crisis de identidad en el PSOE. Curiosamente, Pedro Sánchez, en su ascenso al poder, fue visto como un figura más socioliberal que socialdemócrata, aunque su retórica ha cambiado considerablemente desde entonces.
Desde que Sánchez tomó el mando, ha disfrutado de un periodo prolongado en el poder, lo que ha permitido el surgimiento de nuevas generaciones de políticos que deben su carrera a su liderazgo. Este fenómeno ha creado una cultura de partido que privilegia la lealtad al líder por encima de la pluralidad, generando un ambiente donde la discrepancia se ve como una amenaza.
El actual enfoque de Sánchez parece centrarse en representar a su base de apoyo más que a la mayoría de la sociedad. Este enfoque podría poner en riesgo no solo al partido, sino también la calidad de la democracia en el país. Al final, el dilema es claro: ¿debe un partido sacrificar su esencia en favor de un liderazgo que busca perpetuarse a cualquier costo?























