La lucha por la memoria histórica en Xixón y la retirada de monumentos franquistas

Se exige la eliminación de monumentos que honran a golpistas en Xixón.

En la ciudad de Xixón se pueden encontrar numerosos monumentos que fueron inaugurados durante la dictadura de Franco, como los dedicados a Evaristo Valle y Nicanor Piñole, ambos de 1951, así como el homenaje a Alexander Fleming, que data de 1955, todos ellos obra de Manuel Álvarez Laviada. A pesar de las afirmaciones de algunos críticos que consideran al movimiento memorialista como extremista, la realidad es que no se ha planteado la destrucción de estas obras. En su lugar, se ha solicitado la retirada de un monumento que rinde homenaje a los golpistas en un espacio público.

Desde hace más de 15 años, quienes abogan por la memoria histórica han defendido que el homenaje a los llamados «Héroes del Simancas» sea retirado de un lugar con proyección pública. No se cuestiona que se pueda trasladar a un espacio museístico donde se estudie el franquismo, pero es inaceptable que en la vía pública se mantenga un tributo diario a aquellos militares que traicionaron a la democracia, iniciando una de las etapas más oscuras de nuestra historia.

La llegada de las tropas franquistas a Xixón el 21 de octubre de 1937 marcó el inicio de una masacre que se simboliza en la Fosa del Sucu. En este contexto, es importante mencionar que la lucha por el cumplimiento de la legalidad vigente en Asturias desde 2019 y en toda España desde 2022 no busca venganza ni el ocultamiento de la historia, sino más bien una justicia restaurativa para las víctimas del franquismo.

La defensa de la permanencia de monumentos que glorifican la traición es una falsedad. No se puede seguir engañando a las nuevas generaciones al presentar la guerra como un enfrentamiento entre buenos y malos. Quienes critican la retirada del monumento del Simancas, como el edil Martínez Salvador, no lo hacen desde una postura neutral, sino que han tomado partido al defender la existencia de una estatua dedicada a los verdugos, lo cual es un acto que ofende a las víctimas.

Es necesario recordar que en otros países europeos, como Alemania, Italia o Francia, no se toleraría la existencia de un vestigio del fascismo en espacios públicos. Sin embargo, en Xixón, incluso los sectores que se autodenominan moderados parecen estar influenciados por el legado franquista, rindiendo homenaje a quienes solo fueron traidores. El silencio y la aparente neutralidad son, en muchos casos, cómplices de la perpetuación de injusticias.

La reacción de la comunidad internacional tras la Segunda Guerra Mundial, a través de la Resolución 39(I) de la Asamblea General de la ONU, fue clara respecto al régimen español. Los sublevados, que algunos pretenden calificar como héroes, tenían como objetivo exterminar a quienes no encajaban en su visión de la patria. Mantener este monumento en Xixón va en contra de cualquier intento de garantizar que estos crímenes no se repitan.

Algunos críticos sugieren que quienes abogan por la eliminación de este tipo de monumentos deberían enfocarse en cuestiones sociales como la sanidad o la educación. Sin embargo, es interesante notar que muchos en el movimiento memorialista también luchan diariamente por los derechos de la mayoría social, enfrentándose a quienes minimizan la gravedad de la simbología franquista en nuestras calles.

El franquismo permitió que las élites recuperaran el poder, manteniendo sus privilegios a costa de aquellos que lucharon por un mundo más justo. A quienes se oponen a la eliminación de este insulto a la razón y a la democracia, se les debe recordar que la indiferencia puede llevar a consecuencias trágicas, como lo señaló Hannah Arendt, enfatizando que muchas veces el mal es perpetrado por quienes eligen no tomar partido.

Por lo tanto, normalizar la existencia de monumentos que rinden homenaje al franquismo es un camino peligroso que favorece la posibilidad de que se repitan esos crímenes. Aquellos que defienden su pervivencia son conscientes de esta realidad y actúan en consecuencia, perpetuando un legado de violencia y opresión.

Redacción

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