martes, 17 de febrero de 2026

El desencanto de los judíos que regresan a Viena tras el exilio

Kuno Adler regresa a una Viena transformada después de años en Estados Unidos

En marzo de 1954, Kuno Adler, un científico judío que había estado exiliado en Estados Unidos, decide tomar un tren de regreso a su ciudad natal, Viena. Antes de su partida, su exesposa le advierte sobre volver a ese «agujero» del que fue expulsado. Sin embargo, impulsado quizás por la inercia de los recuerdos, Adler opta por regresar y comenzar una nueva etapa en el lugar que alguna vez consideró su hogar.

El viaje en tren le provoca reflexiones sobre el antisemitismo que ha presenciado en América, que, aunque no amenazaba con exterminio físico, le parece mucho más insidioso que el que había experimentado en Austria, donde el antisemitismo era endémico pero de una forma más leve y, en ocasiones, olvidable.

La novela «El regreso de los exiliados» de Elisabeth de Waal, que permanece inédita en español hasta ahora, se desarrolla entre marzo de 1954 y la primavera de 1955, justo antes de que Austria recupere su soberanía con el Tratado de Estado. Este contexto histórico añade un valor simbólico a la narrativa, ya que refleja la superación de la ocupación aliada y el largo proceso de recuperación tras la guerra.

De Waal, quien vivió en primera persona la experiencia del exilio, retrata con maestría una Viena herida, cuyas fachadas desmoronadas simbolizan no solo la destrucción física de la ciudad, sino también la del tejido social que una vez la caracterizó. Su prosa, cargada de inmediatez, permite al lector comprender la angustia y el desencanto de aquellos que regresan a un lugar que ya no es el que recuerdan.

Los personajes de la novela, como un joven aristócrata y un millonario griego, se enfrentan a la difícil tarea de reconciliar sus recuerdos del pasado con la dura realidad del presente. Para quienes se marcharon, la guerra fue una catástrofe; para aquellos que se quedaron, una experiencia que conviene reescribir. Este choque de perspectivas alimenta la narrativa y revela la complejidad de la identidad y la memoria en la posguerra.

Los exiliados encuentran que su antigua jerarquía social ha colapsado. La guerra ha nivelado a todos, y el nuevo orden, dominado por la riqueza, desafía las antiguas nociones de estatus. De Waal también aborda la soledad del exiliado, un tema que permea toda su obra y que ella misma vivió. En su narrativa, la soledad se convierte en un «mal incurable» que contrasta con la vida en casa, donde el envejecimiento trae consigo sus propias compensaciones.

En medio de la grisura de una Viena devastada, surgen historias de amor que actúan como un leve antídoto a la desesperanza. La relación entre la princesa arruinada Nina y Kuno Adler sugiere una posible recomposición de la sociedad, donde las conexiones humanas se valoran más que los títulos nobiliarios.

El regreso de los exiliados no solo es un reflejo de un mundo en ruinas, sino también un testimonio de la resiliencia humana ante la adversidad. De Waal, a través de sus personajes y sus propias vivencias, invita al lector a reflexionar sobre la memoria, el hogar y el sentido de pertenencia en un mundo que ha cambiado irrevocablemente.

Redacción

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