El 19 de febrero se cumplen diez años de la muerte de Umberto Eco, un autor que logró cautivar a millones de lectores con su erudición y su habilidad para entrelazar la cultura popular con la alta cultura. Nacido el 5 de enero de 1932 en Alessandria, Italia, Eco dejó una huella imborrable en el mundo de la literatura y la semiótica.
Eco sostenía que leer es vivir múltiples vidas, afirmando que quienes no lo hacen solo experimentan una existencia. Su visión de la lectura como «inmortalidad hacia atrás» refleja su profundo amor por los libros y su deseo de compartir ese conocimiento con el mundo. Desde su infancia, cuando su familia esperaba que estudiara Derecho, Eco se inclinó por la Filosofía y Letras, obteniendo su doctorado en la Universidad de Turín en 1954.
En su carrera, Eco combinó su papel como académico con su faceta de escritor. Trabajó en la RAI como editor cultural y enseñó en varias universidades, incluida la de Florencia, donde se convirtió en un referente en comunicación visual. Su conexión con el Grupo 63 y su pasión por el medievo marcaron el inicio de su carrera literaria.
La publicación de «El nombre de la rosa» en 1980 catapultó a Eco a la fama internacional. Esta novela, ambientada en un monasterio benedictino del siglo XIV, combinaba misterio, juegos literarios y una profunda reflexión sobre la cultura. Su éxito fue tal que vendió más de sesenta millones de copias a nivel mundial. Eco describió su obra como posmoderna, señalando que los escritores y lectores de hoy son conscientes de la tradición literaria que los precede.
Tras «El nombre de la rosa», Eco continuó escribiendo, aunque sus obras posteriores, como «El péndulo de Foucault» y «La isla del día de antes», generaron opiniones mixtas entre críticos y lectores. A pesar de ello, su capacidad para provocar reflexión y debate nunca disminuyó. También fue cofundador de la Asociación Internacional de Semiótica y ocupó una cátedra en la Universidad de Bolonia, donde dejó un legado académico significativo.
El 19 de febrero de 2016, Eco falleció tras una larga lucha contra el cáncer. Su muerte fue un momento de luto no solo en Italia, sino en toda Europa, donde sus estudiantes y admiradores se reunieron para rendirle homenaje. Su biblioteca, que contaba con una colección de 35.000 volúmenes, era un reflejo de su vasto conocimiento y su amor por el saber. En su testamento, Eco solicitó que no se realizaran homenajes en su memoria durante diez años, petición que hoy se cumple, recordando su influencia perdurable en la literatura y la cultura contemporánea.
Diez años después de su partida, la figura de Umberto Eco sigue siendo un faro de sabiduría y creatividad, un recordatorio del poder de la palabra escrita y de la importancia de la lectura en nuestras vidas.





