La Real Academia Española (RAE) enfrenta una cuestión importante: ¿qué aspectos de la lengua pueden y deben fijarse? A diferencia de la gramática y el vocabulario, la ortografía es un terreno donde la RAE puede y debe actuar.
En mis artículos, a menudo exploro el significado y la historia de palabras específicas. Sin embargo, el presente texto no se centra en la palabra «fija» como tal. Aunque podría referirse a un sustantivo o adjetivo, mi intención es analizar su uso en el famoso lema de la RAE: «Limpia, fija y da esplendor». Este lema, desde una perspectiva contemporánea, puede resultar curioso.
Recordemos que la Academia de la Publicidad hizo uso de este lema en un anuncio divertido para celebrar el centenario de la RAE, lo que demuestra su relevancia cultural. Sin embargo, es crucial contextualizar su origen. La RAE nació con la idea de «fijar la lengua», considerando que había alcanzado su perfección en el siglo anterior. Este concepto de pureza se mencionaba repetidamente en los textos fundacionales de la primera edición de su diccionario. Hoy, esa noción se ha desvanecido, ya que comprendemos que las lenguas son dinámicas y están en constante evolución, lo que hace imposible fijarlas completamente.
A pesar de esta evolución, la RAE logró, en el siglo XVIII, un proceso de fijación ortográfica admirable y, en colaboración con las academias americanas, ha conseguido una unidad ortográfica casi milagrosa. Por lo tanto, considero que lo más sensato sería no realizar más cambios en este ámbito. En lo que respecta a la gramática y el léxico, la RAE tiene la capacidad de describir y explicar, labor que lleva a cabo a través de su gramática y diccionario.
Además, la RAE también orienta a los hablantes sobre el uso correcto del idioma, como lo demuestra el valioso Diccionario panhispánico de dudas, que ha sido recientemente ampliado y actualizado. Esta atención constante a las consultas de la ciudadanía es un testimonio del compromiso de la RAE con el idioma y su evolución.














