El Gobierno español, a través del ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha establecido un nuevo objetivo crucial: reducir la tasa de desempleo por debajo del 8%. Este hito, que no se veía desde 2007, es parte de una estrategia más amplia para abordar la desigualdad en el país.
En un acto celebrado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) bajo el lema «Desigualdad, es hora de actuar», Cuerpo destacó que la lucha contra el desempleo no es solo una cuestión económica, sino un factor central en la desigualdad social. La reducción del paro, según su diagnóstico, se traduce en menos vulnerabilidad y un mayor bienestar social.
El ministro enfatizó que el crecimiento económico y la equidad deben ir de la mano, argumentando que la economía española ha creado un porcentaje significativo de nuevos empleos en la zona euro en los últimos años. Sin embargo, también reconoció que, a pesar de estos avances, persiste una sensación de inseguridad económica en muchos hogares españoles, resultado de crisis recientes como la pandemia y la inflación.
Cuerpo introdujo el concepto de «seguridad económica» para ir más allá de las estadísticas tradicionales. La percepción de vulnerabilidad ante futuros shocks económicos es un tema prioritario que el Gobierno busca abordar.
Con el objetivo de bajar del 8% en la tasa de desempleo, el ministro no solo plantea un desafío técnico, sino también político y simbólico. La creación de empleo estable es vista como una forma de proteger a la población de eventos adversos, como la reciente crisis en Valencia. Además, Cuerpo defendió la necesidad de una agenda de industrialización que beneficie a todas las regiones del país.
A pesar de las cifras optimistas, algunos expertos advierten sobre la concentración de riqueza y la persistencia de la desigualdad. El economista Joseph Stiglitz señaló que el 1% más rico ha concentrado una parte significativa de la riqueza, mientras que el 50% más pobre apenas ha visto beneficios. En este contexto, sociólogos como Olga Salido y Raúl Flores abogan por inversiones en la infancia como una estrategia eficaz para combatir la desigualdad estructural.
La preocupación por el futuro del empleo se intensifica, especialmente entre los jóvenes, quienes enfrentan salarios iniciales más bajos que sus predecesores. La vivienda se ha convertido en un factor crítico en la estratificación social, lo que plantea la pregunta de si disminuir el desempleo es suficiente para cerrar la brecha de desigualdad.
La ministra Elma Saiz subrayó que es esencial combinar el crecimiento económico con medidas de protección social. Por su parte, la presidenta del CSIC, Eloísa del Pino, recordó que la desigualdad representa una amenaza para la democracia.
Aunque alcanzar una tasa de desempleo inferior al 8% sería un logro histórico, el verdadero desafío radica en asegurar que este objetivo se traduzca en estabilidad y oportunidades reales para todos, en lugar de convertirse en una mera victoria estadística.






