España ha logrado posicionarse como una de las principales potencias mundiales en deportes de equipo, con resultados notables en diversas disciplinas. Sin embargo, hay un área en la que el país aún enfrenta desafíos: el hockey sobre hielo. A pesar de ser el único deporte de equipo español que participa en los Juegos Olímpicos de Invierno, este deporte continúa luchando por su crecimiento en el contexto internacional.
Históricamente, el éxito de un deporte en España ha estado ligado a la aparición de una figura estelar que lo represente. En el fútbol, por ejemplo, figuras como Ricardo Zamora marcaron un hito. En baloncesto, se recuerda a Emiliano-Buscató, mientras que en tenis, Manolo Santana es un referente. Sin embargo, el hockey sobre hielo aún no ha tenido esa figura que lo catapulte a la popularidad en el país. Si bien se menciona a Valeri Kharlámov como uno de los grandes del deporte, su conexión con España es compleja y trágica.
Kharlámov, uno de los mejores jugadores de hockey sobre hielo de todos los tiempos, estuvo relacionado con la historia española debido a su origen. Nacido de una evacuada durante la guerra civil española, su madre, Begoña Orive Abad, fue trasladada a la Unión Soviética para escapar del conflicto. En 1948, Kharlámov llegó al mundo en el contexto de una familia con raíces españolas, pero su vida y carrera se desarrollaron principalmente en la URSS, donde se unió al CSKA de Moscú.
A pesar de su estatura por debajo de la media, Kharlámov destacó en el hockey y se convirtió en una pieza clave del equipo soviético. Bajo la dirección de Anatoly Tarasov, comenzó su carrera profesional y rápidamente se ganó un lugar en la historia del deporte. Durante su trayectoria, acumuló un impresionante palmarés, que incluye dos oros olímpicos y numerosos campeonatos mundiales. Su talento fue reconocido por contemporáneos como el compositor Dimitri Shostakovich, quien lo describió como una “asombrosa conjunción de idea y movimiento”.
El impacto de Kharlámov trascendió el deporte en sí, convirtiéndose en una figura emblemática durante la Guerra Fría. Las competiciones de hockey entre la URSS y Canadá en la década de 1970, conocidas como las Summit Series, marcaron un momento significativo en la historia del deporte, donde Kharlámov tuvo un papel estelar. En esos encuentros, los soviéticos sorprendieron a los canadienses, quienes no supieron cómo contrarrestar su habilidad en el hielo.
Su carrera se vio truncada de manera trágica en un accidente de tráfico en 1981, que también se llevó la vida de su esposa. A pesar de su temprana muerte, su legado perdura en la memoria colectiva. El número 17 de Kharlámov fue retirado por el CSKA de Moscú y su figura es objeto de homenajes, desde estatuas hasta películas. La NHL le ofreció un contrato de 1,2 millones de dólares, pero su decisión de permanecer en la URSS refleja las complejidades de la época.
Después de su fallecimiento, su madre regresó a España con la esperanza de que su hijo pudiera un día desarrollar el hockey sobre hielo en su país de origen. Aunque nunca llegó a tener esa oportunidad, Kharlámov sigue siendo recordado como el “español” que brilló en el hockey sobre hielo, dejando una huella imborrable en el deporte. Su historia es un recordatorio de cómo los caminos de la vida pueden entrelazarse de maneras inesperadas, fusionando culturas y legados en la búsqueda del éxito deportivo.












