Seis años después de la muerte de su padre, Mikaela Shiffrin bajó la pista de Cortina d’Ampezzo y se llevó el oro en el eslalon de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026. Era la primera medalla olímpica de la esquiadora estadounidense en ocho años, desde su oro en el gigante de Pyeongchang 2018. Al cruzar la línea de meta, tuvo que saber que en algún lugar de esa victoria estaba Jeff Shiffrin.
Jeff murió el 2 de febrero de 2020 a los 65 años, tras caerse del tejado de la casa familiar en Edwards, Colorado, y sufrir un traumatismo craneal del que no pudo recuperarse. Eileen y Mikaela estaban en Europa, siguiendo la Copa del Mundo, cuando les llegó la noticia. Regresaron de inmediato. Mikaela estuvo a su lado en los últimos momentos, junto a su hermano Taylor y su madre.
— Mikaela Shiffrin, febrero de 2020
El «analista de sistemas» detrás del mejor eslalon del mundo
Jeff Shiffrin era anestesiólogo en el Vail Health de Colorado, pero en la vida deportiva de Mikaela desempeñaba un rol que él mismo se había autoadjudicado: «analista de sistemas», mientras Eileen era la «especialista en aplicaciones». Estudiaba la física del esquí, desarrollaba metodologías de entrenamiento y ofrecía sugerencias técnicas desde los márgenes de las pistas, casi siempre con una cámara al cuello. Era tan discreto que muchas veces prefería subirse a los árboles junto al recorrido antes que ocupar un lugar visible en la zona de llegada.
Tras su muerte, Mikaela tardó diez meses en volver a competir. «Su motivación simplemente se evaporó», describió Taylor Shiffrin. El dolor carcomía todo. Cuando regresó, lo hizo de forma consciente: quería hacer buenos giros. «Creo que eso haría feliz a mi padre», dijo. Desde entonces no ha dejado de ganar —superó las 100 victorias en la Copa del Mundo esta temporada— aunque reconoce que algunos momentos son más duros que otros. Una canción de Paul Simon en una fiesta fue suficiente para derrumbarla. Era la favorita de Jeff.
⛷️ Mikaela Shiffrin: de la pista familiar al oro de Milán
Siempre contigo
Mikaela lleva en cada carrera un colgante con fotografías de Jeff y una inscripción: «Siempre contigo, amor papá». No es un gesto simbólico vacío: es la continuación de una conversación que quedó interrumpida. Eileen, que sigue siendo su principal entrenadora y compañera de viajes, llena parte del vacío. «Lo que le ofrezco es algo único que solo yo puedo darle», ha declarado la madre. «Sigue siendo mágico y especial».
En Cortina, una pista que Mikaela conoce bien —ganó aquí una prueba de Copa del Mundo en 2019 y un oro en el Campeonato del Mundo combinado en 2021—, el eslalon del 18 de febrero de 2026 cerró el círculo. Jeff Shiffrin no pudo ver los últimos seis años de la carrera de su hija. Pero estuvo en el cuello de Mikaela cuando cruzó la línea de meta.












