Los Juegos de Invierno de Milán-Cortina 2026 están generando controversia en torno al uso de cascos por parte de los deportistas. Uno de los casos más destacados involucra al abanderado ucraniano Vladyslav Heraskevych, quien fue expulsado por su intención de usar un casco decorado con imágenes que honraban a deportistas ucranianos fallecidos a causa de la guerra con Rusia, conflicto que comenzó en marzo de 2022. Esta decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) ha desatado un debate sobre el tratamiento desigual de las normas.
En el centro de la polémica se encuentra el snowboarder italiano Roland Fischnaller, cuyo casco exhibía una bandera rusa como parte de un diseño que incluye símbolos de los países donde ha competido. Pese a que el uso de banderas rusas está prohibido por el COI, no se han tomado medidas contra Fischnaller, lo que ha generado acusaciones de doble rasero por parte de los aficionados y otros deportistas.
El COI ha defendido la ausencia de sanciones al afirmar que las banderas en el casco de Fischnaller representan a los países en los que ha competido, incluyendo a Estados Unidos, Italia, Canadá, Corea del Sur y China. Esta justificación ha dejado a muchos sorprendidos, dado que el uso de cualquier bandera rusa o bielorrusa está categóricamente prohibido en las sedes olímpicas, según las normas del organismo.
La situación ha provocado una reacción especialmente negativa en Heraskevych, quien ha expresado su frustración en declaraciones recientes. «En los Juegos hemos visto un gran número de banderas rusas y para el COI esto no supone ninguna violación», comentó el atleta. En contraste, su casco, que rinde homenaje a miembros de la comunidad deportiva ucraniana que han sido asesinados, recibió una prohibición inmediata, lo que él considera una clara falta de equidad.
El COI ha argumentado que el uso de la bandera por parte de Fischnaller no tiene una connotación política y se limita a ser una elección estética. Sin embargo, esta posición ha sido objeto de críticas, ya que muchos consideran que el hecho de que se le permita al deportista italiano eludir las normas mientras que se castiga a Heraskevych es una clara inconsistencia en la aplicación de las mismas.
El debate en torno a los símbolos y su interpretación en el contexto de los Juegos Olímpicos no es nuevo, pero la situación actual destaca la complejidad de las cuestiones políticas que influyen en el deporte. Los Juegos de Invierno no solo son un evento deportivo, sino también un escenario donde se manifiestan las tensiones geopolíticas. La decisión del COI de permitir que Fischnaller continúe compitiendo sin represalias plantea preguntas sobre la imparcialidad y la coherencia del organismo.
Este incidente resalta la necesidad de que el Comité Olímpico Internacional revise sus políticas sobre símbolos y banderas, para evitar percepciones de favoritismo y establecer un marco más claro que garantice la equidad entre todos los atletas. La discrepancia en el trato a los deportistas ucranianos y rusos podría, además, tener repercusiones más amplias en la percepción pública de los Juegos Olímpicos y su valor como evento unificador.
En última instancia, el caso de Heraskevych y la controversia en torno a Fischnaller subrayan la tensión existente entre el deporte y la política, especialmente en un contexto global tan cargado. La comunidad olímpica deberá encontrar un equilibrio que respete tanto la integridad de los atletas como las normas que rigen los Juegos, para que eventos como los de Milán-Cortina 2026 no se vean empañados por disputas políticas.





