Investigadores del Hospital General Brigham de Massachusetts han descubierto que la COVID-19 persistente es más frecuente en niños y adolescentes en edad escolar que enfrentan inestabilidad económica y condiciones sociales adversas. Este hallazgo se detalla en un estudio observacional multicéntrico publicado en JAMA Pediatrics, que analiza la relación entre factores sociales y el riesgo de COVID prolongada.
El estudio revela que los niños de hogares con inseguridad alimentaria, bajo apoyo social y altos niveles de discriminación presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar síntomas prolongados de COVID-19. El coautor principal, el doctor Tanayott Thaweethai, del Departamento de Bioestadística del Hospital General de Massachusetts, advierte sobre las posibles consecuencias a largo plazo que esta enfermedad podría acarrear en la salud de los más jóvenes.
Importancia de abordar los determinantes sociales
La investigación se centra en los determinantes sociales de la salud (DSS), que son factores no médicos derivados del entorno en el que una persona vive. A pesar de que estudios anteriores se han enfocado en adultos, este análisis pone de manifiesto que millones de niños en todo el mundo experimentan síntomas prolongados de COVID-19, lo que resalta la necesidad de examinar cómo los DSS adversos afectan la salud pediátrica.
Para llevar a cabo esta investigación, el equipo analizó datos de la Iniciativa RECOVER, que estudia la COVID-19 para mejorar la recuperación. En total, se incluyó a 903 niños y 3 681 adolescentes con antecedentes de infección por SARS-CoV-2, reclutados en 52 sitios en Estados Unidos. El estudio se enfocó en las asociaciones entre la COVID prolongada y 24 factores de riesgo social, agrupados en cinco dominios clave.
Hallazgos clave y recomendaciones
Los investigadores identificaron que la inestabilidad económica y el contexto social precario, como la dificultad para cubrir gastos o la discriminación, son los factores más influyentes en el riesgo de COVID persistente. Contrariamente, la seguridad alimentaria se asoció con una menor incidencia de síntomas prolongados, incluso en familias que enfrentaban otras dificultades económicas. Los autores sugieren que una dieta saludable podría reducir la inflamación y, por ende, proteger contra el riesgo de COVID prolongada.
El doctor Thaweethai concluye que es fundamental implementar intervenciones de salud pública que aborden estos factores sociales adversos, ya que esto no solo podría reducir la carga de la COVID persistente, sino también contribuir a la salud general de los niños en el futuro. Se requiere más investigación para determinar el impacto de estas estrategias en la mitigación del riesgo de enfermedades futuras.





