La belleza de Oman, un sultanato que se distingue por su autenticidad y hospitalidad, está atrayendo cada vez más a los turistas en la península arábiga. «Las palabras humildes son mejores que un regalo», me dijo un omaní al preguntarle sobre la amabilidad de su gente. Este país, con un legado que se remonta al año 751, se aleja de la ostentación de sus vecinos, invirtiendo sus ingresos petroleros en mejorar la educación, la sanidad y las infraestructuras.
Al llegar, lo primero que se percibe es la vastedad de sus paisajes, donde montañas majestuosas y desiertos interminables se entrelazan. La cordillera de Al Hajar alberga lugares de gran interés, como Wadi Ghul, conocido como «el gran cañón de Arabia». Con un desnivel de hasta 1.500 metros, este impresionante desfiladero ofrece rutas de senderismo para todos los niveles, así como vistas espectaculares desde sus miradores accesibles por carretera.
Otro destino imperdible es Jebel Akhdar, la «montaña verde». Su altitud proporciona un clima más fresco, y sus terrazas cultivadas por la tribu Bani Riyam son un espectáculo visual. Los senderistas pueden disfrutar de la ruta que conecta los pueblos de Al Aqur, Al Ayn y Ash Shirayjah, una caminata de aproximadamente dos horas que permite adentrarse en la vida tradicional de la zona.
Oman también ofrece desiertos de contrastes. El Rub Al Khali, conocido como el «Cuarto Vacío», es el mayor desierto de arena del mundo, mientras que Sharqiya Sands es un destino más accesible, donde los visitantes pueden experimentar la vida en el desierto y disfrutar de amaneceres sobre las dunas.
La capital política, Mascate, se complementa con Nizwa, la capital cultural, que ha sido objeto de un ambicioso plan de renovación. Su casco histórico, que incluye un fuerte impresionante, atrae a viajeros interesados en la historia y la cultura omaní. Este fuerte, uno de los más grandes de Oriente Próximo, alberga un museo que narra la vida en Oman durante el siglo XVII.
Los castillos y fortalezas, como el de Bahla y los de Al Jalali y Al Mirani, son testigos de la rica historia del país y su posición estratégica en el comercio marítimo.
La naturaleza también juega un papel fundamental en Oman. Los wadis, cauces de ríos secos, se transforman en oasis vibrantes tras las lluvias. Entre ellos, el Wadi Shab se destaca por sus paisajes aventureros, mientras que el Wadi Bani Khalid es perfecto para disfrutar en familia, con sus piscinas naturales y pozas.
Para los amantes de la vida salvaje, el desove de tortugas en Ras Al Jinz es una experiencia imperdible, donde cinco de las siete especies de tortugas del mundo pueden ser avistadas.
Finalmente, no se puede dejar de visitar Salalah, la segunda ciudad más grande del país. Con un clima tropical que contrasta con el resto de Oman, ofrece playas vírgenes y la posibilidad de explorar las ruinas de Samharam, un antiguo puerto de incienso declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Oman es, sin duda, un destino que combina hospitalidad, naturaleza y una rica historia cultural, convirtiéndose en una joya poco conocida en Oriente Próximo.





