En el corazón de la Sierra Nevada, encontramos un rincón de belleza natural poco conocido: La Taha. Este municipio granadino, formado por siete núcleos poblacionales, se presenta como un destino ideal para los amantes del senderismo y la naturaleza.
Mientras avanzamos por la serpenteante carretera que nos lleva a La Taha, los picos nevados de la Sierra Nevada se asoman en el horizonte, recordándonos la grandeza del paisaje que nos rodea. Este lugar ha sido fuente de inspiración para figuras literarias como Gerald Brenan y Washington Irving, quienes también se dejaron seducir por su encanto.
Al llegar, dejamos atrás los destinos más conocidos como Bubión, Capileira y Pampaneira, que suelen acaparar la atención de los visitantes. La Taha, sin embargo, ofrece un tesoro de tradiciones, cultura y naturaleza que merece ser descubierto. Este municipio se extiende entre valles y barrancos, caracterizándose por sus praderas verdes y montañas rocosas, además de sus tradicionales huertos de cerezos y almendros.
Comenzamos nuestro recorrido en Pitres, la capital administrativa de La Taha, donde sus calles coquetas nos muestran la esencia de la vida rural. Aquí se concentran los principales servicios de la zona, todo ello enmarcado por la estética típica alpujarreña, con fachadas encaladas y tejados planos que adornan el paisaje.
Las vistas desde los miradores de Pitres son impresionantes, permitiéndonos contemplar el barranco del río Trevélez, una de las áreas más bellas de Granada. Tras disfrutar del aire puro de la montaña, continuamos hacia Capilerilla, un pequeño núcleo conocido por sus callejuelas empinadas y su tranquilidad.
Atalbeitar es otro de los lugares que visitamos, un pueblito casi secreto con escasos 30 habitantes que ha preservado su autenticidad. Aquí, el sonido del agua fluyendo por las acequias crea una atmósfera serena, ideal para quienes buscan desconectar de la rutina.
La ruta nos lleva a Ferreirola, un encantador pueblo que ha atraído a nuevos moradores en busca de un cambio de vida. Su mezcla de tradición y creatividad se refleja en las casas restauradas y los pequeños talleres artesanales que dan vida a sus calles.
En Mecina, el centro histórico de la antigua Taha andalusí, encontramos una iglesia parroquial y plazas que cuentan la historia de un pasado morisco. La arquitectura de este lugar, con calles adaptadas a la irregularidad del terreno, nos recuerda la herencia árabe de la región.
Finalmente, llegamos a Fondales, el séptimo núcleo poblacional que cierra este recorrido a través de un paraíso natural. Aquí, una diminuta ermita y un puente medieval son testigos de la historia que se entrelaza con la belleza del entorno. Este destino se convierte así en un refugio para senderistas y amantes de la naturaleza, que exploran un territorio lleno de sorpresas y maravillas.





