Visitar Cataluña sin explorar su rica herencia del románico es una oportunidad perdida. La Vall de Boí se erige como el epicentro de este estilo arquitectónico, albergando un conjunto de iglesias que son consideradas entre las más relevantes de Europa y están reconocidas como Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Entre estas joyas destaca Sant Climent de Taüll, famosa por su elegante campanario y su perfecta proporción, convirtiéndose en un símbolo del románico catalán. A pocos pasos, Santa Maria de Taüll complementa la experiencia, permitiendo a los visitantes apreciar la armonía entre la arquitectura y el impresionante paisaje montañoso.
Continuando por el recorrido del Grand Tour, el Monasterio de Santa Maria de Gerri de la Sal se presenta como una parada obligatoria. Este monasterio del siglo XII, situado a la orilla de la Noguera Pallaresa, es un ejemplo de cómo el románico austero se integra con su entorno, ofreciendo una visión clara de su adaptación a comunidades pequeñas en zonas montañosas.
En el Pallars Sobirà, Sant Víctor de Seurí añade un capítulo especial a la ruta. Aunque su origen es románico, ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo de los años. Actualmente, alberga una intervención artística del pintor Santi Moix, ofreciendo una experiencia única que combina tradición y contemporaneidad. Las visitas son guiadas y requieren reserva previa, destacando la calidad de las explicaciones que enriquecen la experiencia cultural.
En la Catalunya Central, dos lugares son esenciales para desentrañar el desarrollo del románico: el Monasterio de Santa Maria de Ripoll, conocido por su impresionante portalada del siglo XII, una de las obras escultóricas más destacadas del románico europeo, apodada «la Biblia de piedra». Este monasterio ilustra el impacto cultural y político de estas instituciones en la Edad Media.
Cerca de allí, Sant Vicenç de Cardona, situada dentro del castillo homónimo, se erige como una obra maestra del románico lombardo, cuyas proporciones y claridad arquitectónica la convierten en un referente ineludible, ubicada en uno de los paisajes más espectaculares de Cataluña.
El recorrido culmina en el Real Monasterio de Santa Maria de Poblet, también Patrimonio Mundial de la UNESCO. Fundado en el siglo XII, este monasterio cisterciense es fundamental para entender la evolución del románico hacia estilos posteriores. Poblet ofrece una atmósfera de grandeza y solemnidad, marcando el paso del románico más íntimo de los Pirineos a los imponentes monasterios que han dejado huella en la historia de Cataluña.





