La ciudad de Jerusalén, capital de Israel, ha dado un impulso significativo a su oferta turística con la reciente apertura del «Camino de los Peregrinos». Esta antigua vía, que lleva más de 2.000 años oculta, conecta el Estanque de Siloé con el sagrado Monte del Templo.
La excavación, una de las más complejas y costosas realizadas en los últimos años, ha revelado una vía que fue transitada por miles de peregrinos a lo largo de la historia. Este ambicioso proyecto arqueológico, conocido como The Pilgrimage Road, ha sido el resultado de trece años de trabajo por parte de arqueólogos e ingenieros.
A lo largo del recorrido, se han encontrado diversos objetos, como monedas y pesas, que atestiguan la existencia de un bullicioso mercado en la antigua Jerusalén, conocido como el Mamilla Mall. Además, se descubrió un antiguo canal de drenaje que servía como refugio para los rebeldes judíos durante la ocupación romana. En este canal se hallaron ollas, lámparas de aceite y monedas de bronce de la Gran Revuelta, así como una espada de un legionario romano.
Los hallazgos arqueológicos sugieren que fue Poncio Pilato, el prefecto romano famoso por condenar a Jesús, quien ordenó la construcción de esta calle, desafiando la creencia anterior de que había sido iniciativa de Herodes el Grande.
El Camino de los Peregrinos se ubica dentro del Parque Nacional de la Ciudad de David, un lugar que atrae tanto a judíos como a turistas de todo el mundo que buscan conectarse con la rica historia de la ciudad. Cada metro de esta vía ha sido cuidadosamente revisado para garantizar que no se pierda ningún hallazgo importante.
Este recorrido subterráneo, de aproximadamente 600 metros de longitud y con un ancho que alcanza los ocho metros en algunos tramos, ofrece una experiencia única. El sentido del recorrido es en ascenso, incluyendo escalones y desniveles, lo que lo convierte en una actividad de dificultad media, no recomendada para personas con movilidad reducida.
El acceso al camino se realiza a través de la Piscina o el Estanque de Siloé, un antiguo depósito de agua que data del siglo VIII a.C. y que fue un importante centro de purificación ritual. A medida que los visitantes caminan, pueden imaginar el bullicio de los comerciantes y el ajetreo que este camino experimentó hace dos mil años.
Para quienes deseen explorar esta fascinante ruta, se recomienda realizar la visita acompañados por un guía, lo que enriquecerá la experiencia. Aunque la duración estimada para recorrer el camino es de unos 60 minutos, el recorrido completo puede extenderse a aproximadamente dos horas, incluyendo accesos y explicaciones.
Es fundamental utilizar calzado cómodo y llevar agua, dado que la humedad es notable en esta experiencia subterránea. El precio de la entrada es de aproximadamente 7,5 euros por persona, mientras que la visita guiada se ofrece por unos 17 euros.





