El fenómeno del body shaming, que se refiere a la burla y crítica hacia el cuerpo de otras personas, ha cobrado relevancia en las redes sociales, donde pequeñas interacciones como «me gusta», memes o comentarios contribuyen a su difusión. Este comportamiento se lleva a cabo a menudo sin conciencia de los efectos negativos que puede tener.
Estudios recientes indican que las chicas son más propensas a experimentar miedo y preocupación por cómo será percibido su cuerpo en estas plataformas digitales. En contraste, los chicos son quienes tienden a participar más activamente en la difusión de contenido que ridiculiza la apariencia física de otros.
La educación para combatir el body shaming debe ir más allá de las normas técnicas, incorporando aspectos como la empatía y el pensamiento crítico. Esto es esencial para frenar la normalización de conductas perjudiciales en espacios digitales.
A pesar de los avances en la concienciación sobre el uso de un lenguaje inclusivo, el acoso escolar sigue siendo un problema significativo, con el aspecto físico siendo una de las principales causas de discriminación. Esto plantea preguntas sobre el estado de la libertad de expresión en las redes sociales.
La investigación sugiere que el body shaming se aprende y se reproduce, en parte, a través de la imitación. Sin embargo, no todos los adolescentes que consumen contenido relacionado participan activamente en estas prácticas. En cambio, factores emocionales como experiencias previas de humillación y el temor a ser juzgados son determinantes para su implicación.
Es interesante notar que muchos adolescentes no insultan directamente, sino que participan de manera más sutil, a través de acciones como reaccionar a publicaciones o compartir memes. Estas interacciones, aunque mínimas, contribuyen a que la burla corporal se convierta en algo aceptable.
Las diferencias de género también juegan un papel importante en este fenómeno. Las chicas suelen sentir una mayor presión por mostrarse de una manera «adecuada», mientras que los chicos parecen ser más activos en la creación y difusión de contenido ofensivo.
El entorno digital amplifica las inseguridades personales y convierte la comparación de cuerpos en una experiencia cotidiana. Esto genera un ciclo en el que las personas buscan reafirmar su imagen a través de las interacciones en redes sociales, alimentando un clima de inseguridad.
Frente a este desafío, es fundamental que familias, educadores y plataformas trabajen conjuntamente para enseñar a los adolescentes a reconocer sus inseguridades y a entender el impacto de sus acciones en línea. La educación debe integrar empatía y responsabilidad, promoviendo una convivencia más respetuosa en el entorno digital.
Este artículo se basa en la investigación de Beatriz Feijoo, Arantxa Vizcaíno-Verdu y Patricia Lafuente Pérez, quienes abordan la problemática del body shaming desde un enfoque académico y social.





