La evolución de los modelos de lenguaje ha otorgado a las estafas digitales un nivel de credibilidad sin precedentes, facilitando las estrategias de los ciberdelincuentes.
En un contexto donde la sociedad ha aprendido a desconfiar de correos electrónicos, mensajes de texto e incluso llamadas telefónicas sospechosas, las nuevas tácticas empleadas por los estafadores son más sofisticadas. Por ejemplo, un mensaje que alerta de una supuesta multa de la DGT puede parecer más verídico gracias a la IA.
Asimismo, se han reportado intentos de engaño que imitan a familiares en apuros, donde se solicita una transferencia urgente a través de WhatsApp. Estos métodos, que antes eran fácilmente identificables como fraudes, ahora se vuelven engañosamente realistas debido a los avances tecnológicos.
Es imprescindible que los usuarios mantengan una actitud crítica y estén alerta ante cualquier intento de estafa, especialmente en un entorno digital cada vez más complejo. La inteligencia artificial puede ser una herramienta poderosa, pero en manos equivocadas se convierte en un riesgo significativo para la seguridad de los ciudadanos.












