El congreso SSSIF 2026 ha dejado claro que las comunicaciones seguras y la criptografía espacial han evolucionado hasta convertirse en infraestructuras críticas para el sector. En un contexto orbital cada vez más saturado y competitivo, la salvaguarda de datos, así como el control de las claves criptográficas, son ahora elementos centrales en la estrategia tanto industrial como gubernamental.
Durante las sesiones del congreso dedicadas a «Comunicaciones Seguras» y «Criptografía Espacial y Distribución Cuántica de Claves», representantes de la industria, agencias y operadores coincidieron en tres aspectos fundamentales: la resiliencia técnica, el control soberano del cifrado y la preparación ante las amenazas cuánticas.
El primer panel se centró en la evolución de las amenazas, señalando que las interferencias ya no son incidentes aislados, sino campañas más sofisticadas que integran técnicas avanzadas de jamming y ciberataques a centros de control y segmentos terrestres. La transición de sistemas de un solo satélite a constelaciones híbridas GEO-LEO-MEO amplía la superficie de ataque, lo que requiere una mayor seguridad desde el satélite y su carga útil hasta los centros de control y los terminales de usuario.
Desde el congreso se enfatizó que la seguridad no puede añadirse «a posteriori», sino que debe integrarse desde la fase de diseño arquitectónico, incorporando segmentación de red, autenticación robusta y gestión de vulnerabilidades a lo largo de todo el ciclo de vida de los sistemas.
Con respecto a los esfuerzos europeos en comunicaciones seguras, Harald Hauschildt, jefe de la Oficina de Comunicación Óptica y Cuántica de la ESA, reveló que se han destinado más de 450 millones de euros a programas relacionados con estas tecnologías. Además, el área de conectividad y comunicaciones seguras representa alrededor del 10% del presupuesto total de infraestructuras en el último marco ministerial.
Otro aspecto destacado fue el programa IRIS2, que prevé el despliegue de 264 satélites en LEO y 18 en MEO, creando una arquitectura multi órbita orientada a servicios seguros tanto gubernamentales como comerciales. En el campo tecnológico, se presentaron desarrollos de sistemas de demostración óptica capaces de alcanzar velocidades de hasta 100 Gbps, con la intención de avanzar hacia tasas en el rango de terabits por segundo. La notable reducción del footprint en tierra en comparación con los enlaces RF tradicionales se presentó como una ventaja clave en términos de protección física y resistencia a la interceptación.
En el segundo panel, el debate se trasladó al núcleo del problema: la criptografía como garante de la soberanía operativa. El consenso fue claro: depender de «cajas negras» en sistemas criptográficos críticos aumenta el riesgo estratégico. La soberanía no implica aislamiento, sino que aboga por una autoridad criptográfica que permite a un país seleccionar algoritmos, definir estándares y certificar soluciones, asegurando la transparencia en su implementación y el control sobre el hardware, software y la cadena de suministro.
Se subrayó que, aunque la computación cuántica capaz de comprometer algoritmos asimétricos no es inminente, las amenazas actuales requieren acción inmediata. La combinación de cifrado simétrico robusto, algoritmos postcuánticos emergentes y, a medio plazo, la distribución cuántica de claves (QKD) configuran la hoja de ruta tecnológica. La QKD se presentó como una tecnología complementaria que permite detectar intentos de interceptación gracias a las propiedades físicas de los estados cuánticos, aunque su implementación operativa aún necesita madurar e integrarse en arquitecturas completas.





