viernes, 13 de febrero de 2026

La soberanía digital como clave para el futuro empresarial

La soberanía digital se vuelve esencial para la competitividad empresarial.

La llegada de la tecnología en la nube ha proporcionado a las empresas mayores niveles de agilidad, escalabilidad y capacidad de innovación. Sin embargo, este avance también ha implicado ciertas renuncias. La más significativa es la aceptación de que sus datos, el recurso más estratégico y motor de su proceso de digitalización, pueden residir en infraestructuras que no están completamente bajo su control. Esta situación ha pasado de ser un dilema tecnológico a una realidad que puede acarrear riesgos para el negocio.

No es necesario que esto sea así, especialmente en un contexto global donde las incertidumbres geopolíticas destacan la necesidad de mantener la independencia tecnológica. Esto es fundamental para garantizar la competitividad, tanto a corto como a medio y largo plazo. En la actualidad, las preocupaciones no se limitan solo a la eficiencia o al tiempo de comercialización, sino que también abarcan la resiliencia operativa, la continuidad del negocio y la capacidad de respuesta ante imprevistos.

La soberanía digital ha evolucionado, pasando de ser un mero requisito legal a convertirse en una decisión estratégica que se discute en los consejos de administración. Este enfoque nos permitirá gestionar el futuro de manera más efectiva. Es crucial entender que no se trata solamente de la ubicación geográfica de los proveedores o de que tengan instalaciones cercanas a la sede de la empresa. La soberanía digital garantiza que el activo más valioso de una organización siempre esté bajo su control y se rija por la misma jurisdicción que deben seguir en el mundo físico, lo que ayuda a reducir riesgos provenientes de marcos regulatorios externos.

El riesgo de depender de grandes proveedores de nube que tienen sedes fuera de la Unión Europea nos lleva a replantear la arquitectura digital desde sus cimientos. No se trata de rechazar lo que estas empresas pueden ofrecer, sino de comprender los límites y las implicaciones de una dependencia total. La solución no consiste en retroceder a los centros de datos convencionales de hace tres décadas. Es posible lograr un equilibrio entre la soberanía digital y la nube, lo que requiere madurar nuestra adopción de la tecnología en la nube y diferenciar claramente las capas de datos, aplicaciones e infraestructura en entornos híbridos y multinube.

A pesar de la promesa de aprovechar las ventajas de cada proveedor, los entornos multinube pueden volverse significativamente fragmentados en la rutina operativa diaria. La gestión de múltiples nubes, así como garantizar la seguridad, la interoperabilidad y la integración, no siempre resulta sencilla. En ausencia de una estrategia clara, la adopción de multinube puede derivar en complejidades operativas, aumento de costos y confusión en cuanto a responsabilidades. Por lo tanto, la respuesta no debe ser sumar más capas de gestión manual, sino transformar radicalmente la operativa hacia un modelo que defina políticas comunes, gestione múltiples proveedores y coordine las cargas de trabajo de manera coherente.

Desde un punto de vista técnico, la solución implica implementar una capa de abstracción que se base en estándares abiertos y en la automatización. Es necesario contar con sistemas de orquestación que devuelvan el control sin sacrificar la agilidad ni incrementar los costos en la nube. Este enfoque no solo facilitará la coexistencia de diversas plataformas, sino que también permitirá arbitrar costos y gestionar de forma dinámica las cargas de trabajo, además de facilitar la portabilidad de los servicios, definir estrategias de salida y liberar a los equipos de TI para que se concentren más en la innovación que en la operación.

Además, esta transformación permitirá habilitar soluciones específicas de cifrado, tokenización y observabilidad, allanando el camino hacia un «cumplimiento por diseño», donde la seguridad y la protección de los datos no sean un añadido opcional, sino un componente inherente a cualquier proyecto desde sus especificaciones iniciales. En la actualidad, ya no es suficiente con protegerse contra amenazas cibernéticas; las organizaciones deben demostrar de manera auditada su compromiso con la integridad, la privacidad y la soberanía de los datos ante reguladores, clientes, socios y accionistas. Este cambio implica pasar de un consumo pasivo del cloud a una gobernanza estratégica sobre el mismo.

Redacción

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