La red de cables submarinos, que transporta alrededor del 99 % del tráfico internacional de internet, ha sido el foco de atención en una cumbre internacional celebrada en Oporto, Portugal. Durante este evento, expertos de la ONU han expresado su preocupación por los riesgos que enfrenta esta infraestructura crítica debido a posibles sabotajes, accidentes y desastres naturales.
Estos cables de fibra óptica, que se extienden por más de 1,7 millones de kilómetros en el fondo de los océanos, son fundamentales para el funcionamiento del internet a nivel mundial, así como para las transacciones financieras y los servicios digitales. Según Tomas Lamanauskas, vicesecretario general de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), «alrededor del 99 % del tráfico internacional de internet pasa por cables submarinos». Esta infraestructura, a menudo invisible para el ciudadano, se ha convertido en la columna vertebral de la economía global y la conectividad internacional.
La importancia estratégica de los cables submarinos ha motivado la realización de la Segunda Cumbre Internacional sobre la Resiliencia de los Cables Submarinos, donde se han analizado los peligros que corren estas instalaciones y las medidas necesarias para mejorar su protección.
Los cables submarinos son descritos por Lamanauskas como «nuestras autopistas digitales», a través de las cuales circulan transacciones valoradas en billones de dólares. Estos, que tienen un grosor similar al de una manguera de jardín, son instalados a cientos de metros de profundidad por buques especializados. Antes de su colocación, se realiza un minucioso análisis del lecho marino para seleccionar rutas seguras y de bajo impacto ambiental.
A pesar de su relevancia, las infraestructuras submarinas son vulnerables. Según los expertos, se registran entre 150 y 200 incidentes anuales que afectan a estos cables, lo que equivale a unos tres o cuatro daños por semana. En 2024, varios incidentes en el mar Rojo interrumpieron el 25 % del tráfico de datos entre Europa y Asia, un claro ejemplo del fuerte impacto que puede tener un fallo en estos sistemas. La mayoría de las veces, las causas de estos daños están relacionadas con actividades humanas, como el anclaje de buques o el uso de redes de arrastre, que accidentalmente cortan los cables.
Cuando se produce un incidente, aunque la localización del problema puede ser rápida, la reparación no siempre es inmediata. La UIT señala que las complicaciones suelen surgir al obtener permisos y licencias, especialmente cuando varios países están involucrados. Las operaciones de reparación pueden tardar desde unos días hasta varios meses, dependiendo de la localización y la gravedad del daño. Además, gran parte de la infraestructura instalada en la década de los 2000 está llegando al final de su vida útil, lo que requiere nuevas inversiones significativas.
Durante la cumbre de Oporto, se discutieron diversas estrategias para fortalecer la protección de estos cables, tales como acelerar los procesos de permisos para reparaciones, mejorar la coordinación internacional y minimizar los daños accidentales. Aunque la ONU no se encarga directamente de la operación de cables ni de las reparaciones, trabaja en la creación de estándares técnicos y en facilitar la cooperación entre naciones y empresas. Lamanauskas ha resaltado que la capacidad de los cables ópticos ha crecido un 40 % anual en las últimas cuatro décadas, un incremento que ha impulsado el desarrollo de internet y de la economía digital a nivel global. Ante la creciente demanda de datos, la resiliencia de estas «autopistas invisibles» se convierte en un tema clave para la seguridad económica y tecnológica de los estados.








