domingo, 15 de febrero de 2026

Las secuelas del cáncer infantil y el reto de la supervivencia en España

La supervivencia del cáncer infantil supera el 80%, pero las secuelas son un reto importante.

El cáncer infantil es una enfermedad poco común, pero su diagnóstico impacta profundamente en la vida de los niños y sus familias. A pesar de que la investigación y los avances en prevención han llevado a que la tasa de supervivencia supere el 80%, hay niños y adolescentes que no responden a los tratamientos o sufren recaídas. Esta situación convierte al cáncer en una de las principales causas de mortalidad entre menores de 14 años.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los tipos de cáncer más frecuentes en la infancia son las leucemias, los tumores cerebrales, los linfomas, y los tumores sólidos como el neuroblastoma y los tumores de Wilms. En España, se diagnostican aproximadamente 1.500 tumores en la población infantojuvenil cada año, de los cuales alrededor de 1.100 afectan a menores.

Desafíos en la atención a supervivientes

Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer Infantil, que se conmemora el 15 de febrero, los expertos destacan dos grandes desafíos para el futuro: mejorar la prevención, el diagnóstico y los tratamientos para reducir la mortalidad oncológica infantil, y disminuir las secuelas que enfrentan los supervivientes, tanto a corto como a largo plazo.

Se estima que uno de cada 450 adultos jóvenes en Europa será un superviviente de cáncer pediátrico, y que cerca del 60% de los pacientes desarrollará alguna enfermedad crónica relacionada con el tratamiento a lo largo de su vida. La radioterapia, la quimioterapia y otras terapias, aunque efectivas contra el tumor, pueden dañar los tejidos sanos, lo que debilita el sistema inmunitario y lo hace vulnerable a infecciones severas.

Además, los tratamientos pueden tener efectos adversos en el corazón, el sistema endocrino o la fertilidad, síntomas que suelen aparecer en la edad adulta. En algunos casos, el tratamiento que permitió la curación puede aumentar el riesgo de desarrollar un segundo tumor décadas más tarde.

También hay que considerar las secuelas cognitivas y emocionales. Muchos supervivientes experimentan dificultades de aprendizaje, problemas de atención y trastornos de ansiedad o alteraciones en su autoestima, lo que impacta su integración social y laboral.

«Hoy curamos a la inmensa mayoría de los niños con cáncer, pero eso no significa que el proceso termine cuando el tumor desaparece. El gran reto es que esa curación vaya acompañada de la mejor calidad de vida posible», afirma Antonio Pérez Martínez, pediatra y director de la Unidad CRIS de Terapias Avanzadas en el Hospital Universitario La Paz de Madrid.

«En hemato-oncología pediátrica tratamos a pacientes en pleno desarrollo, y por eso cada toxicidad importa. Reducir los efectos secundarios no es un objetivo secundario: es esencial para proteger su futuro», añade el doctor Pérez.

Ante esta realidad, organizaciones como la Fundación CRIS contra el Cáncer están impulsando proyectos de investigación destinados a reducir los efectos secundarios de los tratamientos, entender mejor la toxicidad que provocan y diseñar estrategias de seguimiento más personalizadas.

Redacción

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