En España, cada día se registran más de 800 nuevos casos de cáncer, lo que conlleva la pérdida de 315 vidas a causa de esta enfermedad. El camino oncológico implica una gran presión tanto a nivel sanitario como emocional para los enfermos, así como para aquellos que sobreviven y deben aprender a vivir con sus temores.
El diagnóstico de cáncer, que puede parecer un simple informe patológico, es en realidad un golpe devastador para los pacientes, que experimentan una mezcla de cambios internos y externos. Según el oncólogo Álvaro Rodríguez-Lescure, el primer dolor que enfrenta un paciente es la incertidumbre, ya que el temor al sufrimiento físico y a los efectos secundarios de los tratamientos puede ser abrumador. «Cuando llegan a la consulta, les pregunto si ya han visto la película de su diagnóstico, y todos suelen responder que sí, que ya la han visto varias veces», explica el médico.
El oncólogo aclara que, tras el diagnóstico, se presentan dos realidades: la enfermedad puede ser curable o incurable, y el sufrimiento que experimentan los pacientes es muy distinto en cada caso. «Además de aplicar la ciencia en los tratamientos, debemos ofrecer información veraz y sensible, adaptada a la evolución emocional del paciente», añade.
La soledad es un sentimiento común entre los enfermos. Muchos, a pesar de contar con el apoyo de familiares y amigos, se sienten desconectados y solos en su lucha. Héctor Nafría, un enfermero oncológico, recuerda que un paciente le dijo: «Los enfermeros me recordáis que no estoy solo aquí». Esta sensación de soledad puede intensificarse durante la noche, cuando los pacientes se enfrentan a preguntas difíciles y a un silencio ensordecedor.
Los temores también afectan a las familias, quienes a menudo se sienten inseguras sobre cómo apoyar a sus seres queridos. Este proceso oncológico trae consigo un gran peso emocional, que se ve agravado por los cambios físicos que experimentan los pacientes.
Montse, una paciente en recuperación de un cáncer de mama hereditario, comparte su experiencia: «La pérdida de los pechos no es solo física, es profundamente emocional. Pierdes parte de tu identidad y enfrentas una crisis de confianza». Beyanira, otra paciente, describe su propio duelo: «Aceptar que no soy la persona que era antes es complicado. Es doloroso mirar las fotos de antes y ver cómo soy ahora».
La pérdida del cabello también se menciona como un cambio significativo, ya que representa una parte esencial de la identidad para muchos pacientes. Begoña Barragán, presidenta de GEPAC, enfatiza que el cáncer rápidamente despoja a las personas de la capacidad de decidir cómo quieren presentarse ante el mundo. Su grupo organiza talleres de maquillaje que ayudan a los pacientes a recuperar algo de su autoestima y a reconocerse en el espejo.
A pesar de que este tema a menudo se asocia con mujeres, los hombres también enfrentan desafíos emocionales significativos. Según Miguel Trujillo, psicólogo de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), muchos hombres cargan con la presión de ser fuertes y no mostrar debilidad, lo que dificulta que busquen ayuda cuando la necesitan. «Los hombres suelen llegar mucho más tarde a recibir apoyo emocional, a menudo cuando ya están exhaustos», explica.
El cáncer puede arrasar con todos los aspectos de la vida de un individuo, obligando a una reconstrucción profunda de su identidad y de sus relaciones. Los supervivientes aprenden a vivir de nuevo, enfrentando sus miedos y aceptando un futuro incierto, donde la vida se convierte en un frágil regalo que debe ser protegido y valorado.












