La neurocientífica Emilie Steinbach ha manifestado la crucial relación entre la alimentación y la prevención de enfermedades, subrayando que seguir una dieta mediterránea puede disminuir en un 53% el riesgo de desarrollar Alzheimer. Steinbach, originaria de Bélgica y doctora en biología integrativa, ha centrado su investigación en la microbiota intestinal, el sueño, las enfermedades metabólicas y la biología de las mitocondrias.
En una reciente entrevista, la experta comentó sobre el impacto del estilo de vida en nuestra salud. «Hoy en día, la mayoría de las enfermedades que enfrentamos están vinculadas a hábitos como fumar, el consumo de alcohol y una mala alimentación», explicó. Este estilo de vida no solo afecta la salud digestiva, sino que también puede provocar inflamación crónica, un factor común en patologías como la obesidad y la depresión.
Steinbach hizo hincapié en que es posible ser delgado y no estar sano. «La composición corporal es fundamental. Las mujeres, por ejemplo, no deben descuidar su masa muscular, que tiende a disminuir con la edad», afirmó. La investigadora también advirtió sobre los riesgos de ciertas dietas restrictivas que pueden llevar a un aumento de peso posterior, ya que pueden provocar un aumento del hambre al perder masa muscular.
En relación con la salud dental, Steinbach destacó la importancia de una buena higiene bucal. «La acumulación de bacterias en la boca puede tener efectos negativos en nuestro cuerpo, incluyendo el cerebro», advirtió. Según ella, problemas en las encías pueden estar asociados con enfermedades como la diabetes tipo 2 y el Alzheimer, ya que las bacterias pueden acceder al torrente sanguíneo y causar inflamación.
Steinbach también abordó la cuestión del deterioro cognitivo. «La mayoría de las demencias, incluyendo el Alzheimer, pueden evitarse con cambios en el estilo de vida», afirmó. Los estudios indican que quienes siguen una dieta mediterránea presentan un envejecimiento cerebral más lento, con una notable reducción en el riesgo de deterioro cognitivo.
Por otro lado, la neurocientífica recomendó comenzar el día con un desayuno equilibrado, rico en proteínas y grasas saludables, para mantener estables los niveles de glucosa y evitar picos de hambre. «Un desayuno adecuado puede influir significativamente en nuestro ánimo y en nuestra capacidad cognitiva», concluyó.
Finalmente, Steinbach sugirió que adoptar hábitos como la ducha fría puede ofrecer beneficios adicionales, como mejorar la circulación y el metabolismo, aunque enfatizó que no debe considerarse como una solución milagrosa.














